Monday, October 16, 2017

Un gran artículo: "El complejo judío" - Dror Eydar - Israel Hayom



1. No discutimos con los árabes de la región. Tampoco discutimos con los islamistas, ni con los europeos que provocan la discordia a través de las autodenominadas organizaciones de derechos humanos. No son nuestros enemigos. Discutimos entre nosotros mismos, luchamos entre nosotros hasta el punto de desgarrarnos. Nos arriesgamos a perder nuestra independencia por una idea que solo existe en la mente de los judíos.

Hace poco, me encontré con un erudito europeo que había venido a nuestra región para estudiar el conflicto israelo-palestino. En el pasado, sus artículos culparon constantemente a Israel por perpetuar el conflicto.

"Entonces, ¿qué te importa lo que pienso?", le pregunté. Y le sugerí que explorara los siguientes puntos: los líderes israelíes han presentado a los líderes palestinos una serie de ofertas para terminar con el conflicto. La oferta más reciente, propuesta por el entonces Primer Ministro Ehud Olmert, incluía una retirada israelí de Judea y Samaria, incluido el Valle del Jordán; el intercambio de territorio para constituir el 100% del territorio capturado por Israel en la guerra de 1967; la división o control conjunto de Jerusalén; una implementación simbólica del derecho palestino de retorno (que implicaría la repatriación de decenas de miles de palestinos, si no más) y una compensación por los refugiados. La oferta israelí está bien documentada en un documento presentado por el negociador palestino Saeb Erekat a los estadounidenses en 2009, al comienzo del primer mandato del presidente Barack Obama.

Las ofertas de Israel están bien documentadas, pero no hay registro de la totalidad de las demandas de los palestinos - demandas que dejarían el conflicto en reposo, lo que significa que, de cumplirse, satisfacerían a los palestinos hasta el punto de aceptar renunciar a cualquier demanda futura -.  Envié a mi amigo académico a buscar a cualquiera que estuviera dispuesto a divulgar oficialmente ese conjunto de demandas finales.

El segundo tema que le sugerí explorar fue la idea de los derechos a la tierra. Me atreví a sugerirle que encontrara a un solo árabe en este planeta que estuviera dispuesto a decir abiertamente que los judíos tienen el derecho legal a un vecindario propio en todo Israel. Asumiendo que toda la "Palestina" debe pertenecer legítimamente a los palestinos y que se debe reconocer como tierra santa e islámica, ¿existe un vecindario al que los judíos tengan un derecho legal? No propiedad de facto, porque ya estamos aquí y tenemos más poder militar, sino reconocimiento legal. Un barrio que sea completa y legítimamente nuestro.

Casi puedo garantizarte que fracasarás en la búsquedaa, le dije. Ustedes los europeos siguen discutiendo con nosotros sobre un acuerdo de paz que la otra parte ha rechazado por completo antes de que haya sido formulado. Cualquier acuerdo que consista en un estado palestino en las colinas de Judea y Samaria, incluso si incluye la Ciudad Vieja de Jerusalén, será rechazado en el momento de la verdad. Los palestinos no lo firmarán. Den un repaso a la historia y vean. Desde el Acuerdo de Faisal-Weizmann de 1919, nunca han aceptado una división del territorio. Pero nosotros, los judíos, estamos peleando entre nosotros, unos con otros, y culpándonos por el fracaso de los esfuerzos de paz. No fuimos lo suficientemente serios, nos acusamos a nosotros mismos. No hicimos una oferta lo suficientemente buena. Tenemos innumerables excusas.

Mientras estábamos en eso, le sugerí al erudito europeo que también explorara las actitudes de los árabes de la región hacia el derecho de retorno de los refugiados palestinos: las posiciones sostenidas por los ciudadanos árabes de Israel, los árabes de la Autoridad Palestina, los árabes de Gaza y por los propios refugiados palestinos. ¿Estarían dispuestos a resolver el problema de los refugiados solamente dentro de las fronteras de un futuro estado palestino? Interesante, respondió mi amigo, lo examinaré. Nunca regresó para contarme lo que encontró.

2. Antes de separarnos, le dije que los tres temas que mencioné eran parte de lo que se conoce como la "solución".

Pero antes de que podamos llegar a una solución, es importante definir primero algunas cosas: ¿Quiénes son las partes involucradas en el conflicto? Si el conflicto es entre dos movimientos nacionales que luchan por una franja de tierra, entonces hay espacio para discutir la división de la tierra entre ellos. No hay garantía de que puedan estar de acuerdo, pero al menos hay una base común que, para cualquiera que la busque, parecería ser una base lógica para una solución. Pero aquí también, me temo de hecho, solamente los judíos están comprometidos en un monólogo consigo mismos.

En varios momentos a lo largo de la historia reciente, la mayoría de los judíos aceptaron compartir la tierra y reconocer el derecho de los palestinos a un estado. Si bien es cierto que los judíos nunca estuvieron de acuerdo sobre cuánto territorio debería ser compartido, siempre hubo un acuerdo en principio.

No es así con el otro lado. Los árabes de Gaza, y los árabes de Judea y Samaria, y los árabes que tienen la ciudadanía israelí (al menos su liderazgo) se niegan a reconocer la nacionalidad de los judíos. Para ellos, ser judío es una religión, no una nacionalidad, y por lo tanto los judíos no tienen derecho a un estado.

Para las opiniones sostenidas por los árabes de Gaza, lean la Carta de Hamas: cualquier mención de los judíos no es como miembros de una nacionalidad, sino más bien como un demonio que se interpone en el camino del objetivo supremacista musulmán de imponer su dominio al mundo. El Islam se ve a sí mismo como el legítimo heredero de las religiones que lo precedieron, particularmente del judaísmo - la fuente original, antecedente del cristianismo -. La única forma de que los israelíes y los judíos del mundo podrían vivir es bajo el dominio islámico. Si no están dispuestos a vivir bajo la norma islámica, deben ser exterminados.

En cuanto a los árabes de la Autoridad Palestina, son árabes aparentemente seculares. Pero el Pacto Nacional Palestino establece específicamente que "el judaísmo, en su carácter de religión revelada, no es una nacionalidad que tenga una existencia independiente. Del mismo modo, los judíos no son un pueblo con una personalidad independiente. Son más bien ciudadanos de los estados a los que pertenecen". Así pues: no solo los judíos no son una nacionalidad, ni siquiera son un pueblo, son solamente un grupo religioso.

Esto parece sugerir que los judíos no tienen derecho a la autodeterminación nacional ni a un estado en el que puedan ejercer esa autodeterminación. De hecho, el artículo 20 del Pacto Nacional Palestino comienza: "El reclamo de un vínculo histórico o espiritual entre los judíos y Palestina no concuerda con las realidades históricas, ni con los constituyentes de la estatalidad en su verdadero sentido".

Para las opiniones sostenidas por los árabes israelíes, lean el documento de posición compilado por el Alto Comité de Seguimiento Árabe. que caracteriza a Israel como una "etnocracia" (un estado gobernado por un grupo étnico definido por medio de la religión) que es el producto de un complot colonialista de las élites judías-sionistas de Europa y Occidente, las cuales forzaron una ciudadanía en un estado judío". El argumento principal del documento de posición está en contra de la caracterización de Israel como Estado judío.

3. La diputada árabe israelí Hanin Zoabi habló recientemente en Washington en un instituto palestino con la inocua denominación de "The Jerusalem Fund". Allí, ella explicó sus opiniones sobre Israel. Sobre este tema, hay un consenso muy próximo entre su partido, la Lista Árabe Conjunta. Zoabi atribuyó el despertar nacionalista de los árabes israelíes a los Acuerdos de Oslo que, según ella, intentó resolver el problema de los "árabes de 1967" y descuidó el problema de los "árabes de 1948". Esta lucha, dijo ella, se entiende que es para "cambiar el carácter del estado" (de modo que ya no se caracterice como un estado judío).

"No es suficiente que Israel se retire de Gaza y Cisjordania", dijo Zoabi. "El sionismo también debe retirarse de la región".

A Zoabi se le preguntó acerca de la obvia contradicción entre la exigencia de los árabes de ser reconocidos como una nacionalidad palestina distinta, al mismo tiempo que se negaba vehementemente a ofrecer un reconocimiento similar a los judíos.

"La respuesta que damos es que los judíos no son una nacionalidad. Entonces no pueden hablar de una autodeterminación de los judíos, sino solamente de los israelíes. Pueden tener autodeterminación, pero no como un estado judío, solo como un estado laico y democrático... que además deberá respaldar el derecho al retorno [palestino], garantizando la igualdad y, por supuesto, terminar con el asedio y la ocupación".

Pero los judíos no aprenden. Pelean entre ellos por una solución imaginaria y organizan marchas y mítines, y escriben un millón de artículos que demuestran su propia culpa, mientras que la otra parte permanece sorprendida por lo ingenuos que son.

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Sunday, October 15, 2017

Occidente a Israel: "Haced lo que decimos, no lo que hacemos" - Daniel Krygier - Mida



El pueblo judío ha tenido diferentes estándares a lo largo de gran parte de su historia. Por lo tanto, no es sorprendente que el estado judío también tenga distintos estándares. En un debate con la destacada periodista israelí Caroline Glick, el ex embajador de Dinamarca en Israel, Jesper Vahr, hizo la siguiente y sincera observación sobre las relaciones entre Europa e Israel:

"Israel insiste en que le discriminamos, en que le aplicamos dobles raseros, pero esto es porque ustedes son uno de los nuestros". Por "uno de los nuestros" el embajador danés se refería a las democracias occidentales.

Esta actitud tan común entre la élite política europea, revela más sobre Europa que sobre Israel y el Oriente Medio. Mientras que la Europa postcolonial afirma ser el campeón del "antirracismo", muestra un profundo racismo condescendiente con unas bajas expectativas hacia los estados musulmanes y árabes, los cuales son percibidos como niños eternos que no pueden ser considerados responsables de sus acciones.

Las declaraciones del embajador Vahr también revelan la sistemática hipocresía europea hacia Israel. A diferencia de la mayoría de los países europeos, Israel pertenece a un grupo exclusivo de países que han mantenido un sistema democrático desde sus inicios. La democracia de Israel continúa prosperando a pesar del hecho de que el estado judío está sujeto a una agresión sistemática que habría demolido a la mayoría de las democracias. Por lo tanto, Israel no necesita conferencias europeas sobre democracia y derechos humanos.

Europa dio abrumadoramente la bienvenida a la eliminación del architerrorista Osama Bin Laden. "Un mundo sin Osama Bin Laden es un mundo mejor. Su odio era una amenaza para todos nosotros", dijo el ex canciller de Suecia Carl Bildt . El primer ministro de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, resumió la posición europea: "Felicito al presidente Obama y al pueblo estadounidense por su éxito a la hora de terminar con la era de violencia y destrucción inescrupulosa e inhumana de Bin Laden"

Por el contrario, la eliminación de Israel del jefe terrorista de Hamas, el jeque Ahmed Yassin, fue condenada por el mismo Occidente que elogió la eliminación de Bin Laden. El ex ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Jack Straw, articuló esta profunda hipocresía antiisraelí:

"Todos entendemos la necesidad de Israel de protegerse a sí mismo del terrorismo que le afecta - y su pleno derecho a hacerlo - dentro del derecho internacional. Pero no tiene derecho a participar en este tipo de homicidio ilegítimo y lo condenamos. Es inaceptable, no está justificado y es muy poco probable que alcance sus objetivos".

El jefe de política exterior de la UE, Javier Solana, agregó su voz a la habitual hipocresía antiisraelí:

"La posición de la Unión Europea ha sido condenar de manera consistente... los homicidios. En este caso particular, creo que nuestra condena debería ser más fuerte. Este tipo de acciones no contribuyen en absoluto a crear las condiciones de paz, las condiciones de diálogo, que son necesarias en este momento".

¿Pero qué hace que sea "legal" eliminar a Bin Laden e "ilegal" eliminar al jefe de Hamas que tenía numerosas vidas de civiles israelíes en su conciencia? Ni el Sr. Straw, ni el Sr. Solana ni ningún funcionario occidental actual han ofrecido ninguna respuesta.

Si bien las fuerzas de la OTAN han asesinado a más civiles de forma no intencionada que el IDF, Israel es la única democracia occidental que es sistemáticamente criticada por el uso de una fuerza "desproporcionada" y "excesiva". Si bien pocas voces serias equipararían a la UE y los EE.UU con Al Qaeda e ISIS, los críticos occidentales de Israel sistemáticamente establecen una falsa equivalencia moral entre Israel y sus genéricos despóticos enemigos.

Israel es investigado por más falsas acusaciones de "crímenes de guerra" que el resto de las democracias occidentales combinadas. El infame informe Goldstone de la ONU no hizo distinción moral entre el Israel democrático y el Hamas genocida. No se ha producido ningún informe similar de la ONU contra ninguna otra democracia occidental.

Cuando la OTAN mató accidentalmente a 18 civiles, incluidas mujeres y niños, en una boda en Afganistán, no hubo llamamientos para investigaciones de "crímenes de guerra" o condenas de "fuerza excesiva".

Pocos funcionarios occidentales han sido más hostiles hacia Israel que la actual ministra de Asuntos Exteriores de Suecia , Margot Wallström, quien infamemente exigió una investigación sobre las "ejecuciones extrajudiciales" israelíes en un momento en que una ola de terrorismo árabe estaba atacando a civiles israelíes. El 22 de octubre de 2015, la policía sueca mató a Anton Lundin Petterson, de 21 años de edad, quien asesinó a tres inmigrantes con una espada y un cuchillo en una escuela en la ciudad sueca de Trollhättan. La policía sueca reivindicó la autodefensa y ni Wallström ni ningún funcionario sueco exigieron una investigación sobre "ejecuciones extrajudiciales".

En su web, la BBC declara su posición con respecto al término terrorismo: "Intentamos evitar el uso del término "terrorista" sin atribución. Cuando usemos el término, deberíamos esforzarnos por hacerlo con coherencia con las historias que informamos en todos nuestros servicios, y de una manera que no socave nuestra reputación de objetividad y precisión". La BBC sistemáticamente se niega a usar el término terrorismo cuando los civiles israelíes son las víctimas, pero no muestra las mismas inhibiciones cuando los blancos atacados son británicos, europeos y estadounidenses.

Mientras Occidente nunca toleraría que miles de cohetes cayeran sobre Nueva York, Londres o París, condena hipócritamente a Israel por defenderse contra los ataques con cohetes contra Sderot, el aeropuerto Ben Gurion, Tel Aviv y Haifa.

Gran parte de Occidente ve la amenaza nuclear iraní principalmente como un "problema judío". Esto explica por qué la mayoría de los gobiernos europeos defienden el acuerdo nuclear con Irán y hacen negocios ávidamente con Teherán. Por el contrario, los gobiernos occidentales defienden las sanciones contra una Corea del Norte nuclearizada, que sí consideran una amenaza universal.

El mismo Occidente que rechaza una presencia judía en Judea y Samaria, permite el control británico de Gibraltar y las Islas Malvinas, el control danés de Groenlandia y el control francés de Córcega y Martinica.

El verdadero problema no es que Occidente espere más de Israel que de las dictaduras del Oriente Medio, sino que Occidente espera más de Israel que de sí mismo.

Los críticos anti-Israel tienen razón cuando niegan que Israel esté sometido a un doble rasero. El estado judío está sometido a un triple rasero: hay un rasero que se aplica a las dictaduras árabes musulmanas, otro a Occidente y el tercer y el más duro rasero solo se aplica a Israel. Aquellos que demonizan y distinguen a Israel no son impulsados ​​por el deseo de mantener la democracia de Israel sino por el deseo de terminar con la independencia nacional judía.

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El acuerdo de unidad palestina "libaniza" Gaza y alimenta su disputa con Israel - Debka



Irán y sus aliados libaneses son los grandes ganadores del acuerdo de reconciliación palestino firmado por las facciones rivales Hamas-Fatah el jueves 12 de octubre en El Cairo. Fue el jefe de operaciones terroristas de Hamas contra Israel, Saleh Arouri, quien firmó el acuerdo por su partido. Pospuso su regreso al departamento de lujo que Hizballah puso a su disposición en el suburbio chiita de Dahya, en Beirut, para permanecer durante una semana más para discutir puntos que aún están pendientes.

El acuerdo de unidad palestina se puede dividir típicamente entre la versión pública diseñada para el consumo popular y el texto secreto, que es el más realista. Todas las partes del acuerdo se confundieron en esta presentación para desdibujar la contradicción entre el acuerdo publicado y su implementación inevitablemente disfuncional.

Desde el principio, el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, calificó al acuerdo como "el final de la ruptura", a pesar de que a su representante Ahmed Azzam se le impidió secretamente partir a su casa en Ramallah, o incluso a su hotel de El Cairo, hasta que lo firmó.

Los funcionarios estadounidenses se contentaron con expresar su esperanza de que el acuerdo alivie la crisis humanitaria de Gaza, sin más comentarios. Y las fuentes en Jerusalén dijeron que no tenían nada que decir hasta que Hamas reconozca al Estado de Israel y desaparezca su ala militar, un enfoque totalmente irrealista que probablemente logre el efecto inverso.

Tanto los Estados Unidos como Israel no realizaron la menor protesta ante la presencia de un jefe terrorista en la firma del acuerdo de reconciliación entre las facciones palestinas rivales. Entonces, ¿para qué ofrecieron los EEUU una recompensa de 12 millones de dólares por información que condujera a la captura de dos jefes terroristas de Hezbolah, Talat Hamiyah y Fouad Shukr? Saleh Arouri, que vive en el elegante vecindario de Beirut gobernado por Hezbolah, probablemente gestiona regularmente la coordinación entre las redes terroristas de Hezbolah y Hamas.

Entonces, ¿en qué manos caerán las armas pesadas y los aviones de guerra que Washington suministró al ejército libanés "para combatir al ISIS", cuando es un secreto a voces que Hezbolah controla al ejército libanés?

Incluso el ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, tuvo que admitir esta semana - aunque de mala gana - que el ejército libanés no era más que un ala de Hezbolah y totalmente bajo su control.

El asentimiento estadounidense e israelí a una "libanizada" Franja de Gaza se explica mejor como el resultado de su incapacidad de evitar que Siria sea controlada por Irán y su títere libanés.

En cuanto a la Franja de Gaza, mientras la Autoridad Palestina se compromete a desplegar 3.000 efectivos de seguridad en las fronteras y cruces del enclave, Hamas mantiene intacto su brazo militar de 20.000 efectivos, las brigadas Ezz e-din Al-Qassam, que puede abrumar a esos efectivos procedentes de Ramallah en cualquier momento. Pero lo más importante, la Autoridad Palestina tiene el papel de proporcionar a la fuerza terrorista de Hamas una línea de defensa contra Israel.

También en el sur del Líbano, el ejército libanés y las fuerzas de la ONU, el FPNUL, destacan por proteger las fortalezas de Hezbolah contra el ejército israelí.

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Carta al Forward: "No tenemos derecho a decidir el destino de los israelíes" - Eliott Brumer



Estimado editor,

Después de leer varios artículos sobre las divisiones entre los judíos americanos sobre Israel, el sionismo, los asentamientos y similares, tengo una pregunta: ¿Por qué realmente nos importa tanto?

Ha existido un elefante en la habitación desde que se estableció Israel. En ningún momento desde sus inicios los estados musulmanes han abordado y acordado, en ninguna ocasión, vivir con Israel en medio de ellos, independientemente de cuál fuera la facción judía que prevaleciera. Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que Israel es necesario como un lugar de refugio donde puedan dirigirse los judíos si fuera necesario. El Holocausto nos demostró eso. Pero para los árabes, nunca fue cuestión de un estado judío y un estado palestino. Simplemente no querían ningún tipo de estado judío bajo ninguna forma. A menos que todos tengamos la intención de mudarnos allí, dejemos que los israelíes tomen la decisión de lo que es mejor para ellos y para su defensa. Ellos son los que tendrán que pagar el precio.

Eliott Brumer

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¿Somos realmente una tribu? - Michael J. Koplow



A medida que llega la estación anual de la reflexión judía con el Rosh Hashaná, al pensar en el año pasado continúo regresando a la división entre los judíos estadounidenses e israelíes. Es un tema que he desarrollado en el pasado, pero al que no puedo evitar volver. A pesar de todo lo que ha ocurrido durante este año civil judío, desde la elección de Donald Trump a la Resolución de Seguridad de la ONU 2334 y las investigaciones sobre el Primer Ministro Netanyahu, sospecho que la división entre judíos estadounidenses e israelíes se ensanchó este año en una crisis real que será, en última instancia, el elemento más impactante de 5777. No tengo un argumento principal que quiera transmitir sobre este tema, sino más bien una serie de observaciones interrelacionadas que, esperemos, proporcionen algo de reflexión en estas festividades.

En primer lugar, la crisis precipitada por la cancelación del compromiso del Muro Occidental puso de relieve la brecha religiosa existente entre los judíos estadounidenses y los judíos israelíes, y las formas en que el pluralismo religioso es una verdadera línea divisoria entre las dos mayores comunidades judías del mundo. Para muchos judíos estadounidenses, el hecho de que Israel no reconozca oficialmente ninguna forma de judaísmo distinto del judaísmo ortodoxo es una afrenta continua a su sistema de creencias, por lo que un asunto aparentemente menor como una plataforma mixta de oración de género se ha convertido en un asunto mayor.

Pero el hecho de que fuera la práctica religiosa la que llevó a la explosión no debe ocultar el hecho de que la brecha entre los judíos estadounidenses e israelíes es mucho más que la forma en que uno observa el judaísmo. También hay un abismo político que va más allá de las cuestiones palestino-israelíes o incluso del tratado de Irán. Las visiones de mundo y las preferencias políticas de la mayoría de los judíos estadounidenses y de la mayoría de los judíos israelíes están en desacuerdo. La mayoría de los judíos estadounidenses expresan su incredulidad ante el hecho de que los israelíes sigan eligiendo coaliciones derechistas que devuelvan a Netanyahu al poder, y no puedan comprender el apoyo y el aprecio que los israelíes demuestran por Trump. Por otro lado, la mayoría de los israelíes están horrorizados ante el hecho de que los judíos estadounidenses apoyen a políticos que consideran insuficientemente solidarios con Israel, y se duelen ante unos judíos estadounidenses que hablan y opinan desde sus hogares sobre temas que tienen como principales implicados a los judíos israelíes. En cierta forma, el griterio ocasionado por la congelación del acuerdo sobre el Muro Occidental y el rechazo de las conversiones no ortodoxas han facilitado el encubrimiento del hecho de que existen cismas políticos y filosóficos tan importantes como el que afecta al pluralismo religioso.

Esto lleva a mi segunda observación, que es que las cuestiones que se interponen entre los judíos estadounidenses e israelíes no sólo tienen que ver con la práctica y la filosofía, sino con la empatía y una comprensión básica. Es engañoso postular que los judíos israelíes miran con desdén a los judíos conservadores y reformistas americanos porque han rechazado su práctica judía, o bien que los judíos norteamericanos han evaluado las prioridades políticas y gubernamentales israelíes y han decidido que están relativamente fuera de control o que bordean el populismo antidemocrático.

Los israelíes no tienen la capacidad de rechazar las tradiciones y prácticas no ortodoxas porque no tienen experiencia de ellas, y apenas las conocen. El judaísmo ortodoxo tiene un dominio sobre la vida religiosa israelí en un grado tan elevado que, las prácticas religiosas seculares de los israelíes y los acontecimientos del ciclo de vida israelí, caen también bajo el paraguas ortodoxo, tanto si desean o no acoplarse con el judaísmo como religión. No entienden por lo tanto los fundamentos del judaísmo conservador y reformista al estilo americano porque resultan tan extraños para ellos como lo es el hinduismo para la mayoría de los judíos estadounidenses, por lo que resulta fácil desacreditarlo y criticarlos, aparte de un sorprendente nivel de ignorancia.

Del mismo modo, la mayoría de los judíos estadounidenses no conocen de primera mano la experiencia israelí o el sistema político israelí, y muchas de sus críticas proceden de una ignorancia inocente pero trágica de lo más básico de lo que realmente sucede en Israel. Tengo curiosidad por saber cuántos judíos estadounidenses conocen qué porcentaje de israelíes votó por el Likud - y por llevar al poder a Netanyahu directamente - en las últimas elecciones, o el margen de los escaños de la Knesset del bloque de la derecha sobre el bloque político de la la izquierda.

Los judíos estadounidenses de casi todos los sectores políticos glorifican al IDF, pero debido a la ausencia de una experiencia militar similar en los EEUU, no pueden comprender la forma en que el servicio militar obligatorio y el legado de un terrorismo rutinario palestino conforma la perspectiva política de muchos israelíes. Esto no significa que las críticas a la política de Israel estén fuera de lugar, solamente que no hay una suficiente estimación de cómo los desafíos únicos de Israel y las experiencias únicas de Israel conforman el estado y la sociedad de Israel.

Existe incluso una insularidad entre los estadounidenses que se trasladan a Israel y los israelíes que se trasladan a los Estados Unidos que contribuye a todo esto. Los judíos estadounidenses que hacen aliyah frecuentemente viven en comunidades angloamericanas, viajan en círculos de amigos que crecieron en los Estados Unidos, siguen siendo culturalmente americanos de muchas maneras y, a veces, pueden vivir en Israel durante décadas sin tener que dominar el hebreo, replicando barrios americanos que han creado dentro de Israel. Aquí, en los Estados Unidos, es común ver como los israelíes se mueven a comunidades donde viven muchos israelíes - en mi propio rincón de los suburbios de Maryland, hay un "kibutz" y un "moshav" - donde socializan solamente con otros israelíes, hablan hebreo por todas partes, e incluso no obtienen un conocimiento de la experiencia judía americana a menos que envien a sus hijos a una escuela judía. No estoy seguro de que la masa crítica de judíos estadounidenses que viven en Israel o los israelíes que viven en los Estados Unidos, experimenten a sus países adoptados de una manera que les dé un mayor entendimiento de la psique nativa.

En tercer lugar, es precisamente debido a esta falta fundamental de comprensión de cómo vive la otra parte y el conjunto completamente diferente de preocupaciones diarias que acosan a cada grupo, que la brecha entre las dos comunidades no va a cerrarse, a pesar de las predicciones de que los cambios demográficos en curso curarán la división. Los miembros del actual gobierno israelí tienen desde hace mucho tiempo una teoría que suaviza la crítica de los judíos liberales estadounidenses, estimando que representan una laguna histórica que durará un par de décadas, hasta que el matrimonio mixto y la asimilación dejen a la comunidad judía estadounidense más comprometida en manos de los ortodoxos mucho más hálcones. Una vez que esto ocurra, piensan que Israel ya no tendrá que lidiar habitualmente con las críticas judías norteamericanas sobre el conflicto israelí-palestino, o incluso sobre los derechos en Israel de los judíos no ortodoxos que no son ciudadanos israelíes. Esto también se basa en el hecho de que la demografía en Israel también está cambiando, con el sionismo religioso en pleno ascenso y los ortodoxos cada vez más prominentes en todas las facetas de las instituciones políticas y de seguridad israelíes. En ese sentido, unos dominantes judíos ortodoxos en los Estados Unidos hermanados con unos dominantes judíos ortodoxos en Israel eliminarán gran parte de la mala sangre que ha surgido entre las comunidades judías estadounidense e israelí.

El problema con esta teoría - que se basa en una predicción de la decadencia de las comunidades no ortodoxas en los Estados Unidos que puede suceder, pero que también ha sido erróneamente predicha durante décadas - es que los judíos ortodoxos en Israel y los judíos ortodoxos en los EEUU están separados por mucho más que 6.000 millas y el Océano Atlántico. Un editorial escrito por un padre moderno ortodoxo y anónimo, con cuatro miembros en la familia, y del área metropolitana de Nueva York, detallando la forma en que los costos de "ser judíos" le habían llevado a la bancarrota, se volvió viral la semana pasada, pero el aspecto que me pareció más interesante fue la forma única de ser un ortodoxo americano que traslucía. Las cargas financieras más gravosas que el autor enumeraba eran: la matrícula de la escuela diaria, el coste efectivo que imponía vivir a poca distancia de una sinagoga ortodoxa en un suburbio inevitablemente rico de una importante ciudad costera americana, el campamento judío de verano y la comida kosher.

Si bien este particular padre de familia ortodoxo americano podría entrar en cualquier sinagoga ortodoxa de Jerusalén o Modi'in y sentirse como en casa, su experiencia de vida sería todavía completamente ajena a la de un padre moderno ortodoxo israelí sentado en la misma fila. Ninguno de esos gastos o la carga financiera asociada con una vida judía observante y comprometida en los Estados Unidos se aplica a los judíos ortodoxos en Israel, y significa que incluso dentro de los subgrupos judíos que atraviesan la división nacional - en este caso entre los judíos ortodoxos - todavía existe una enorme divergencia de experiencias, preocupaciones y prioridades. Esto convierte la brecha entre judíos americanos e israelíes con estilos de vida y experiencias comunes en no tan simple después de todo.

Hace un par de meses, Yehuda Kurtzer escribió el artículp más inteligente que he leído hasta ahora sobre este tema al pedir explícitamente que "tomemos más en serio las evoluciones independientes de los judíos estadounidenses e israelíes, y su correspondiente divergencia de caminos, rechazando las polémicas teorías de causalidad, y reconociendo la necesidad de unos enfoques sistémicos para reconstruir la relación". El artículo de Kurtzer iba dirigido a los líderes judíos comunitarios y filantrópicos, mientras estoy pensando en una esfera política más grande, pero el punto esencial sigue siendo válido. No sé cuál es la respuesta exacta, pero a mi juicio está más allá de pensar que tiene sentido considerar a los judíos estadounidenses e israelíes como dos partes de un todo unificado, en vez de como comunidades aliadas que tienen mucho en común pero no siempre - ni siempre debe estarlo - unidos en una misma onda.

Si 5777 puede llegar a representar el punto más bajo en las relaciones entre las dos partes, en lugar del comienzo de una nueva normalidad, entonces los judíos estadounidenses e israelíes deben embarcarse en un proyecto conjunto que busque entenderse mejor, articulando un conjunto de intereses y preocupaciones comunes, y estableciendo y gestionando las expectativas de una manera más realista y honesta.

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La falsa paz entre el Partido Laborista y los judíos - Howard Jacobson - NYT



Del 23 al 27 de septiembre, el Partido Laborista celebró su conferencia anual en Brighton, Inglaterra, creyendo que tenía el viento en la espalda. Los Tories están en pleno desorden sobre el Brexit. La primera ministra Theresa May está tremendamente enferma por heridas autoinfligidas, y de cualquier manera su probable sucesor - Boris Johnson o Jacob Rees-Mogg - será un bufón.

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fue hasta hace poco criticado por los que dudaban de él dentro de su propio partido como un político del pasado, pero ahora es venerado por esa misma razón. Y por él sonaron las canciones en Brighton, se agitaron las pancartas y los laboristas marcharon hacia el pasado con el lema de Shelley: "Para muchos, no para pocos".

Pero hay una mosca en el ungüento: el antisemitismo. Cómo el laborismo ha sustituido a los viejos conservadores en el rol de enemigos de los judíos es una historia que no se puede contar brevemente, pero como algunos de los consejeros más cercanos del Sr. Corbyn, parece un regreso a la época de Stalin.

Consciente de la críticas, aunque nunca parezca tomarlas realmente en serio, el Sr. Corbyn organizó su propia investigación hace un año. Sharmishta Chakrabarti, una ex directora del grupo de derechos humanos Liberty, la llevó a cabo de una manera breve y de mala calidad. La investigación de la Sra. Chakrabarti habló con muy pocas personas que acusaban al partido de antisemitismo e investigó aún menos sus argumentos.

Señaló una "atmósfera tóxica ocasional" en el partido y recomendó desterrar las analogías con Hitler y los nazis cuando se hablaba de Israel. No dejar de pensar en nazi, sino simplemente dejar de hacerlo en público. Y eso fue todo más o menos. En respuesta a la continua crítica de los judíos, el Sr. Corbyn elevó a la Sra. Chakrabarti a la nobleza.

Así pues, la Conferencia de Trabajo concluyó que no había ningún señal de antisemitismo, ya que el partido se acercaba cada vez más al centro y los modestos consejos de la Sra. Chakrabarti sobre Hitler y los nazis habían sido atendidos. Aún  así, hubo llamamientos a que algunos grupos judíos dentro del laborismo fueran excluidos del partido (por su proximidad a Israel), se entregó un documento apoyando la afirmación de Ken Livingstone, el ex alcalde de Londres, de una colusión entre judíos alemanes y nazis, e inclusive se propuso una moción para poder cuestionar la verdad del Holocausto.

A modo de apoyo a los críticos, se adoptó una norma de advertencia contra una conducta que podría ser perjudicial para el partido, reprobándose la hostilidad a la discapacidad, la reasignación de género, la asociación civil, el embarazo y la maternidad... y el antisemitismo. Pero la condena del sionismo fue tan febril como siempre y cualquier judío - en particular cualquier judío israelí - dispuesto a unirse a ese antisionismo podía contar con una ovación de la sala puesta en pie. Ningún hombre es un profeta en su propia tierra, pero un israelí antisionista es todo un héroe en éste mundo.

Si los argumentos eran antiguos, la perspectiva del poder les daba nueva urgencia. En un momento que vivirá en la infamia, el distinguido director de cine Ken Loach defendió cuestionar el Holocausto. "Creo que la historia debe estar abierta a todo tipo de discusión", afirmó tratando de esquivar la cuestión de por qué el Partido Laborista debería haber elegido el Holocausto, de todos los acontecimientos históricos - y no la esclavitud, por ejemplo - como objeto de un posible escrutinio sin limitaciones. Pero sabemos la respuesta a eso. Cuando la temperatura política aumenta, el extremismo se convierte en una indulgencia permisible. Todas las cosas de repente parecen posibles; en la euforia no hay nada que no se diga.

George Eliot escribió un ensayo sobre la condición de los judíos a finales del siglo XIX, titulado "The Modern Hep! Hep! Hep!", una referencia al grito de los cruzados mientras recorrían Europa aniquilando las comunidades judías que aparecían en su camino. Hep representaba "Hierosolyma Est Perdita" - Jerusalén es destruida. Hep! Hep! Hep!

Cuando un ejército vengador va de camino, no hay ningún control sobre su júbilo en busca de justicia y sacrificio. Los delegados del partido laborista son apenas cruzados, pero el soplo de la lujuria de la sangre se eleva incluso en Brighton.

Pero para el señor Corbyn y los más cercanos a él se muestran malhumoradamente indiferentes. El Sr. Corbyn se desvía a su manera con tal de no usar la palabra "antisemitismo", y cuando se ve obligado a condenarlo invoca la plausibilidad de que el Partido Laborista se opone a todo tipo de racismo y discriminación. El "todo" es importante. Enterrar el antisemitismo entre ofensas como la intimidación y el acoso sexual es una forma de esquiva para igualar cosas que no son iguales, y en el proceso se aseguran de que el antisemitismo rara vez es privilegiado con una mención propia.

Hay método en esta evasividad. Negar implícitamente la existencia del antisemitismo - como algunos continúan negando el Holocausto - es convertirlo en una fantasía enfermiza autofabricada por los judíos, una patología cuya función es romper la posibilidad de la crítica antisionista. Que los judíos invocan el antisemitismo principalmente para silenciar a los críticos de Israel es un embuste rutinario y cansino, pero sigue siendo utilizado como medio defensivo. Y sirve a un propósito: difama a los judíos como mentirosos en el acto de protestar contra la supuesta inocencia de tal ofensa. Y si el antisemitismo es una quimera, entonces el antisionismo, tan a menudo confundido con él, no tiene nada de lo que disculparse después de todo.

Desesperados por ganar cualquier tipo de concesión de los laboristas, algunos judíos británicos se han conformado con una falsa paz. Absténgase los laboristas de un discurso manifiestamente antisemita, invocando la malignidad de nuestra apariencia y ambiciones, y les permitiremos su antisionismo. Pero el acuerdo está comenzando a desenredarse, algo que parecía obligado. Porque la verdad es que no puedes mantener a los judíos fuera del sionismo.

Una ignorancia histórica intencional sostiene el antisionismo. En algunos relatos los israelíes abandonan un claro cielo azul en 1967 y ocupan la Ribera Occidental, en otros el sionismo es una ideología relativamente reciente siempre disputada dentro de la propia sociedad judía. Lo que se oculta es la historia de 2.000 años de judíos que regresaron al país del cual habían sido exiliados, ya sea en respuesta a los anhelos de una patria, a orar donde habían orado una vez, o para encontrar un lugar de seguridad.

En 1862, el socialista Moses Hess, colaborador de Karl Marx, publicó "Roma y Jerusalén", un argumento a favor de los judíos ya que todos los otros intentos de vivir libres de persecución habían fracasado. Regresar a esa "patria ancestral inalienable" estuvo en la mirada judía durante milenios. "Ningún pueblo moderno que se esfuerce por tener una patria propia", continuó Hess, "puede negar al judío la suya, al menos sin cometer un suicidio moral".

El sionismo fue, tal como lo resume una frase de Simon Schama, un movimiento de gestación prolongada para una "transformación regenerativa", más espiritual que política, y no en absoluto la aventura imperialista que los antisionistas le acusan de ser. Una gran ambición, obligada a perder su brillo cuando declinó en las banales y a veces crueles exigencias de la estatalidad, pero ¿podemos odiar una cosa en retrospectiva porque no nos gusta en lo que se convirtió? Y si lo odiamos, ¿dónde está nuestra comprensión de la desesperación que lo hizo necesario?

Lo que hay que insistir es que el sionismo - la idea, no los acontecimientos políticos a los que ha dado lugar - es parte integral de la mente y la imaginación judías. Aquellos que dicen estar en contra del sionismo, pero no de los judíos, están hablando de enigmas. No es el judío el que necesita verse a sí mismo ajeno al antisionismo, es el antisionista quien tiene que preguntarse qué es lo que alimenta su fervor y si, en su supuesta justa rabia, está cometiendo lo que Moisés Hess denominó "suicidio moral". Hasta entonces, el lema del Partido Laborista seguirá leyendo: "Para los muchos, no para los judíos".

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Críticas a la doble moral de los demócratas ante el escándalo sexual de Weinstein - Manuel Erice - ABC





Las denuncias de acoso sexual contra Harvey Weinstein, uno de los grandes mecenas de Hollywood y «superproductor» que atesora hasta seis Oscar a la mejor película, ha desatado un terremoto político capaz de conectar las dos costas de EE.UU. Su condición de poderoso donante demócrata, financiador de las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton y de casi todos los destacados demócratas con ambiciones, durante sus tres décadas de poderío financiero, rompe las costuras del mundo liberal. Entre Manhattan, donde «The New York Times» lanzó hace diez días la exclusiva informativa sobre sus presuntos y continuados abusos contra jóvenes actrices que se abrían paso, y Los Ángeles, donde los actores políticamente más combativos con el mundo conservador se resistían a criticar a uno de sus iconos, el Washington político hierve ahora en medio de las denuncias republicanas contra la doble moral de su eterno enemigo político. Con el FBI por delante, la Administración Trump ha abierto una investigación.

Como si no quisiera despertar de la pesadilla, la mayor parte de los líderes demócratas tardaron al menos cinco días en desfilar por los medios para condenar los desmanes de Weinstein. El 5 de octubre se hacía pública la escandalosa conducta de quien Meryl Streep, la actriz liberal más significada políticamente contra Trump, llegó a calificar de «Dios» hace bien poco. Un grupo de senadoras, encabezado por Elizabeth Warren, fue la avanzadilla mínima de una reacción de condena que se demoraba. Kellyanne Conway, asesora de Trump en la Casa Blanca, preguntó en Twitter cómo Hillary Clinton «tardaba días en denunciar lo que fueron cinco minutos» en el caso de su rival republicano.

Tímidamente, el Comité Nacional Demócrata, órgano de gobierno del partido, se comprometió a devolver 30.000 dólares de los 300.000 que había recibido del magnate de Hollywood. Un gesto parcial que aprovechó el Comité Nacional Republicano para disparar con bala: «Si los demócratas están tan a favor de la causa de las mujeres como dicen, no debería ser un problema para ellos devolver todo el dinero sucio».

Como un reguero interminable, casi todas las campañas demócratas de relevancia se habían nutrido de las arcas del patrón de las causas liberales. También, las de Obama y Hillary Clinton. No fue hasta el 10 de octubre, en plena ebullición del escándalo y en medio de un ruidoso silencio, cuando el penúltimo matrimonio presidencial y la excandidata a la presidencia emitieron sendos comunicados de desmarque y condena.

El icono liberal de Hollywood fue donante de campaña de todos los dirigentes demócratas. Los Obama, «disgustados», exigían la rendición de cuentas para «un hombre que degrada y desprecia a las mujeres». La ex-candidata a la presidencia decía sentirse «conmocionada y horrorizada», al tiempo que tachaba el comportamiento de «intolerable». El matrimonio mantuvo durante años una relación cercana a Weinstein, a quien se contabilizaron trece visitas a la Casa Blanca. Este mismo año, la hija mayor de los Obama, Malia, trabajó unos meses como becaria en Weinstein Company, el emporio cinematográfico del que ha sido despedido ahora por sus socios el mismo que lleva su nombre. El último presidente estadounidense había recibido de él nada menos que 600.000 dólares para sus campañas electorales. El esfuerzo financiero de Weinstein para que Hillary llegase a la Casa Blanca fue aún mayor: 1,4 millones de dólares, que no fueron suficientes para alcanzar el éxito electoral.

En un país ideológicamente tan polarizado como EE.UU., donde la división política se ha convertido ya en radical división mediática, las críticas han alcanzado a periódicos y comunicadores de televisión. Al liberal «The New Yorker» se le acusa de haber guardado en el cajón durante más de un año denuncias concretas contra Weinstein de actrices con nombres y apellidos. La misma publicación que había encabezado durante dos años la investigación de la saga de escándalos sexuales en el seno de la televisión conservadora Fox News, dirigida por el recientemente fallecido Roger Ailes. El prestigioso semanario se defiende alegando que no lograron «la suficiente confirmación de fuentes para publicarlo». «The Hollywood Reporter», influyente periódico de entretenimiento, también tuvo que excusarse esta semana por no haber dado cuenta de lo que había sido durante años un secreto a voces en el mundo hollywoodiense.

Los dardos de la crítica han alcanzado también a algunos de los significados presentadores de los llamados «late night», programas de entretenimiento nocturnos muy seguidos en EE.UU., a quienes se acusa de fijación con el mundo conservador y con Trump, pero una sátira casi nula hacia el mundo liberal. El escándalo sexual de Weinstein no ha merecido alusión alguna para los célebres Jimmy Kimmel y Stephen Colbert, dos de los más seguidos. Azuzado por los reproches de los medios afines al actual presidente, Kimmel decidió defenderse con un ataque y difundió en Twitter el vídeo obsceno que persiguió a Trump la pasada campaña electoral.

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La "reconciliación" palestina y el nuevo reparto de papeles

¿El triunfo de la Ortodoxia Moderna? Echen un vistazo a los números - Shmuel Rosner



El 28 de septiembre, un estudio detallado sobre el estado de la ortodoxia moderna judía en América fue publicado por Nishma Research. Es un estudio interesante que comienza con su lucha por definir quién es un "ortodoxo moderno"... y no es una pregunta fácil, y termina con los muchos números que proporciona.

¿Qué aprendimos de ella? Aprendimos cosas que ya sabíamos... por ejemplo, que la mayoría de ellos guardan el Shabbat y comen comida Kosher. Aprendimos también que es una comunidad materialmente muy exitosa. Los ingresos de las familias ortodoxas modernas son altos - el estudio encontró que el ingreso mediano de la casa era de 158,000 $ al año, casi tres veces el promedio del ingreso mediano americano.

Aprendimos que esta comunidad está dividida sobre el papel de las mujeres. Esto no es noticia, pero ahora tenemos los números para apoyar los supuestos anteriores: el 53% de los encuestados creen que las mujeres en su comunidad ortodoxa deben tener la oportunidad de ampliar su funciones en el clero; el 37% está completamente de acuerdo con la situación actual y 16% está algo de acuerdo. Y como nos informa el estudio, "este es el tema con mayor división entre izquierda y derecha, sin importar dónde se coloque la línea divisoria".

Respecto a los gays, el estudio evitó las preguntas más duras y solicitó la más fácil: ¿deben ser aceptados como miembros de las sinagogas? La respuesta: en general, el 58% apoya a las sinagogas ortodoxa que en general aceptan a los gays como miembros, con un 12% que se oponen a esto y un 29% "no está seguro". Pero esa es la pregunta fácil, ya que las preguntas reales son sobre el matrimonio gay, la ordenación gay y la práctica pública judía de los gays. Si el estudio hubiera hecho las preguntas sobre estos temas, sabríamos más acerca de otra línea potencialmente divisoria.

La  comunidad ortodoxa moderna americana es un grupo muy exitoso más allá de los ingresos. Tanto es así, que algunos defensores y estudiosos la ven como el mejor ejemplo dentro de los grupos judíos entre los judíos estadounidenses. La profesora Sylvia Barack Fishman de la Universidad Brandeis casi lo ha dicho en varias publicaciones y entrevistas . "La Ortodoxia Moderna", dice/escribe, "es el nuevo modelo del sueño judío americano... Los Ortodoxos Modernos estadounidenses son estadísticamente la población judía más educada y económicamente más exitosa del país, y con mayor frecuencia de relaciones homogéneas".

El estudio de Nishma apoya tales conclusiones de muchas maneras. Pero también destaca su gran deficiencia: los ortodoxos modernos son muy pocos para convertirse en un modelo.

Cuando estudios como éste aparecen, la tendencia de los lectores y periodistas se centran en los árboles y no ven el bosque: representan la conexión emocional más débil con Israel entre los jóvenes judíos ortodoxos; sus bajos niveles de apoyo a una solución de dos estados; las preocupaciones de los ortodoxos sobre el coste de la vida judía (el 89% lo ven como un problema muy serio), el tiempo que invierten en el estudio regular de temas judíos, la alta asistencia a las sinagogas. Y por supuesto, todos estos son los elementos importantes y significativos, los árboles verdaderamente importantes. Es decir, los árboles importantes en un bosque relativamente pequeño. Esta comunidad "representa solamente a alrededor del 4% de todos los judíos norteamericanos, con alrededor de 220.000 adultos ortodoxos modernos en los Estados Unidos". Eso es todo. Un número casi tan pequeño como el margen de error de una gran encuesta.

Esto es algo que debemos recordar cuando dividimos esa comunidad, como lo hizo el estudio, en subgrupos de "ortodoxos abiertos", "ortodoxos liberales", "ortodoxos centristas" y "ortodoxos centristas derechistas" . "Esto significa que la conmoción sobre la brecha entre la ortodoxia abierta y la ortodoxia estándar - una batalla que se presenta a menudo como un momento definitorio para la ortodoxia y para el judaísmo - se centra sobre un grupo de 20.000 a 30.000 judíos. Y en el otro lado del espectro está el grupo con un 11% de centristas derechistas". Es decir, del tamaño de la "ortodoxia abierta". No hay mucha gente.

Seguramente, no todo en la vida gira sobre los números. Grupos que vienen con nuevas ideas, una alta intensidad de participación y unos pioneros dedicados pueden marcar una gran diferencia a pesar de su pequeño número. Pero los ortodoxos modernos representan a un pequeño número no debido a su radicalismo, o a su innovación de vanguardia, sus números son pequeños porque su modelo es difícil de sostener durante muchas generaciones. Es un modelo con una alta tasa de desgaste (mejorando con el tiempo, pero todavía bastante alto). Es un modelo que nuestra época - de polarización y de debilitamiento de todos los grupos centristas - no necesariamente anima.

Los ortodoxos modernos tienen muchos hijos, pero muchos de sus nietos no terminarán siendo ortodoxos modernos. En algunos casos, se moverán hacia la derecha, para llegar a ser ultraortodoxos, en más casos se moverán hacia la izquierda para convertirse en menos observantes, unos más relajados tipos de judíos.

Esto es cierto que los ortodoxos modernos en los Estados Unidos, como también para sus hermanos y hermanas sionistas ortodoxos en Israel, representan a un movimiento con gran energía y vigor, pero con un alto índice de desgaste (el ortodoxo moderno estadounidense y el israelí sionista-ortodoxo no son exactamente iguales, pero comparten muchas similitudes.)

Ahora, imagínense a este pequeño grupo de judíos divididos por la ordenación femenina, por la aceptación de los homosexuales, o por la conexión con Israel o por cualquier otro tema que se les ocurra. Imagínense a este pequeño grupo de judíos dividiéndose para convertirse en subgrupos aún más pequeños del 1% o 2% dentro de los judíos. ¿Puede un grupo tan pequeño ser un modelo para cualquiera? ¿Puede un grupo que apenas puede sostener su propio lugar dentro de una comunidad mucho más grande ser el ejemplo de la supervivencia judía?

De muchas maneras, me gustaría que pudieran. Pero ignorando los hermosos árboles y mirando el bosque, lo dudo.

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Saturday, October 14, 2017

Una calumnia antisemita recibe una nueva audición - Jonathan S. Tobin - JNS



El mes pasado, la ex oficial de la CIA, Valerie Plame, cruzó una línea roja en los medios de comunicación social que incluso los más importantes y liberales medios de comunicación no pudieron ignorar. Plame ganó fama debido a su desenmascaramiento como espía en un momento en que su marido era un crítico prominente de las políticas en Iraq del gobierno de George W. Bush. Pero su estatus como ícono liberal tuvo un gran impacto cuando retuiteó un polémico artículo antisemita que afirmaba que los judíos eran los responsables de empujar a los Estados Unidos a las guerras en el Oriente Medio en beneficio de Israel. Plame defendió el artículo antes de emitir finalmente una disculpa interesada que dañaba aún más su reputación.

Pero el aspecto más interesante de este incidente fue la forma en que algunos críticos de Israel trataron de disociar sus críticas de las emitidas por los partidarios del Estado judío por la invectiva antisemita promovida por Plame. Molly Roberts, del Washington Post, se quejó de que el odio descarado de Plame desacreditaba un argumento razonable contra Israel y sus amigos por jugar a ser los maestros titiriteros de unos desprevenidos estadounidenses.

Mientras casi toda la atención dedicada al antisemitismo en las semanas transcurridas desde el incidente de Charlottesville se había centrado en el odio antisemita de los neonazis y del Ku Klux Klan, Roberts se mostraba descontenta de que la atención generada por Plame cambiara el guión y la dirección, y la redirigiera hacia una "intolerante izquierda", además de socavar su deseo de mantener un debate sobre "el desmesurado papel que Israel jugaba en la política exterior estadounidense".

Pero el problema es que aquellos que critican a Israel y a sus partidarios de esa manera, inevitablemente trafican con antiguos temas o argumentos antisemitas que no pueden ser disfrazados de erudición o de un debate legítimo.

Lo que Roberts parece querer era rehabilitar la tesis del "El lobby de Israel" promovida por los autores John Mearsheimer y Stephen Walt hace una década. En ella afirmaron que Israel y sus partidarios, especialmente el lobby de la AIPAC, estaban comprando los votos de los miembros del Congreso para beneficiar Israel en contra de los mejores intereses de los estadounidenses.

Como suele ocurrir, Walt resurgió esta semana con un artículo en The Forward en el que afirmaba que "la historia nos demostró que teníamos razón" ante las críticas de los portavoces de la comunidad pro-Israel. Señalando el creciente sentimiento anti-Israel a la izquierda, Walt piensa que su posición está de alguna manera reivindicada.

Pero la tesis de "El lobby de Israel" se basaba en dos grandes mentiras:

Una de ellas era que, según Walt y Mearsheimer, el esfuerzo por imponer una agenda pro-israelí a la nación se representaba como una conspiración tan vasta que contradecía la premisa de los autores de que era una minoría la que manipulaba a una mayoría. Como la mayoría de los estadounidenses apoyan a Israel y lo ven como una democracia amiga con valores comunes o similares que son atacados por fuerzas que se oponen a esos principios, la afirmación de que la "cola judía estaba meneando al perro americano" resulta absurda.

La otra es que la naturaleza de los argumentos de Walt y Mearsheimer se basaba en estereotipos antisemitas acerca de los judíos que compraban influencia o manipulaban a inocentes gentiles. El foco en el "lobby" como la mayor fuerza en la política estadounidense también era una distorsión que ignoraba el trabajo de lobby de otros grupos de presión más poderosos. Distinguir a Israel y a sus partidarios de esta manera, implicaba traicionar una agenda que se había construído sobre el prejuicio, y no sobre una defensa de los intereses estadounidenses.

Mientras Walt continúa negando el carácter antisemita de su obra, en su artículo en el Forward cita, entre otras cosas, el surgimiento de la Voz Judía por la Paz, un grupo radical que ha adoptado abiertamente incitaciones antisemitas y antisionistas de la izquierda, como prueba de que su posición era correcta. Él y Roberts ignoran la realidad del conflicto en el que una cultura política palestina rechaza la paz sobre cualquier término, mientras que la destrucción de Israel es el único obstáculo genuino para su resolución.

El contexto para este esfuerzo es importante porque mientras la mayoría de los judíos estadounidenses todavía están centrados en los comentarios ambiguos y errados del presidente Donald Trump sobre Charlottesville, el Partido Demócrata se está volviendo cada vez más hostil a Israel. Después de ocho años durante los cuales los esfuerzos del presidente Barack Obama para presionar al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu sólo lograron empeorar el conflicto con los palestinos, y su apaciguamiento de Irán acercó a los estados árabes sunitas a la posición de Israel, hablar a estas alturas de un "debate suprimido" sobre la desproporcionada influencia judía resulta ridículo. Pero ahora que tenemos a un presidente que, a pesar de otras faltas obvias, no está obsesionado con la idea de "salvar a Israel de sí mismo" y en reforzar a un régimen iraní que es una amenaza tanto para los Estados Unidos, los Estados árabes e Israel, tal como lo estuvo Obama,

En los 10 años transcurridos desde que se publicó por primera vez "The Israel Lobby", una creciente oleada de antisemitismo ha arrasado por todo el mundo, alimentada en parte por los argumentos contra Israel y los judíos que los Walt de este mundo han ayudado a difundir. Eso representa toda una acusación de su trabajo, no una reivindicación. Aquellos que quieren mancillar a los partidarios de Israel diciendo que socavan los intereses de Estados Unidos y ello sin querer ser etiquetados correctamente como antisemitas, no están engañando a nadie.

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Siete senadores de los EEUU exigen a Israel el libre acceso al Kotel mientras el propio Departamente de Estado dice que no pertenece a Israel - Seth Frantzman



El 18 de septiembre, siete senadores estadounidenses enviaron una carta al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Esto viene en medio de una disputa sobre si debería existir una sección de oración igualitaria en el Muro Occidental. El domingo, según The Jerusalem Post, "las organizaciones judías estadounidenses le dijeron al primer ministro Benjamin Netanyahu que debería aclarar a los judíos de los Estados Unidos qué es lo que está haciendo para crear un espacio de oración igualitario en el Muro Occidental". Durante los últimos meses, líderes judíos estadounidenses han descrito el problema como una "bofetada en la cara" y una "crisis".

La carta es particularmente interesante debido al lenguaje y las suposiciones que utiliza. Asume que los judíos estadounidenses son sionistas. "La comunidad judía en los Estados Unidos es vibrante y diversa, y los judíos estadounidenses adoptan una amplia gama de identidades religiosas y seculares, al mismo tiempo que son comprometidos sionistas". Continúa diciendo que "le pedimos a [Netanyahu] que no aleje a estos comprometidos sionistas". Sin embargo, algunos de los seis senadores que firmaron la carta no son conocidos por hablar sobre su sionismo. Esto es particularmente cierto para el ex candidato presidencial Bernie Sanders, uno de los firmantes. Raramente habla sobre su judaísmo y ciertamente no habla mucho sobre el sionismo. Un artículo reciente en el Haaretz lo describió como "incómodo" hablando de ser judío. "Los judíos y el antisemitismo en particular se sintieron notablemente ausentes" de un discurso que pronunció sobre los grupos que enfrentan al racismo bajo Trump.

Lo más interesante que dice la carta es que los senadores están "muy preocupados por la reciente decisión del gobierno de Israel de congelar un plan ampliamente acordado para establecer un espacio de oración igualitario en el Muro Occidental". La carta habla sobre la "gestión" de una "plaza superior detrás de las zonas de oración cerca del muro". La carta está dirigida al Primer Ministro en el "3 Kaplan Street, Jerusalén... Israel".

Sin embargo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos no considera que ese lugar judío esté en Israel. En mayo, cuando Trump estaba a punto de visitar Israel, "el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, y el asesor de seguridad nacional, HR McMaster, se negaron a responder claramente a  preguntas sobre si pensaban que el Muro Occidental era uno de los lugares más sagrados del judaísmo". Y es que el Monte Herzl, la Knesset y el Kotel no son vistos como "Israel" porque según el Plan de Partición de 1947 aprobado por la ONU estaban en un territorio "internacional" y su "estado final" no se ha determinado.

Ya en 1962, los EEUU incluso trabajaron para alentar a otros países a no mover sus embajadas a Jerusalén. "Como consecuencia de esta política, cuando el Departamento de Estado se entera de que un gobierno está contemplando por primera vez el establecimiento de una misión diplomática en Israel, informamos a ese gobierno sobre los antecedentes históricos de las actitudes de las Naciones Unidas hacia Jerusalén, y expresamos la esperanza de que, en deferencia a las actitudes de las Naciones Unidas, su misión se establecerá en Tel Aviv, donde se encuentran la mayoría de las otras misiones", señala un memorando del Departamento de Estado.

Por ejemplo, una condena de julio de un ataque terrorista afirma que ocurrió en "Jerusalén" y no en "Israel", aunque el comunicado de prensa provino de la embajada estadounidense en Israel, que se encuentra en Tel Aviv. El hecho de que la embajada no esté en Jerusalén es el símbolo más claro de que los Estados Unidos no lo reconocen como parte de Israel. La Corte Suprema de los Estados Unidos también ha dicho que los estadounidenses nacidos en Jerusalén no pueden poner a "Israel" como lugar de nacimiento en los pasaportes. "El tribunal dictaminó por 6-3 que el Congreso superó sus límites cuando aprobó la ley en 2002. Habría forzado al Departamento de Estado a alterar su política de larga fecha de no incluir a Israel como el lugar de nacimiento de los estadounidenses nacidos en Jerusalén", según señaló el Times of Israel.

Dado que el status quo de Jerusalén es tan delicado y que los Estados Unidos ha instado a Israel a no cambiar el status quo con respecto al Monte del Templo, es interesante observar como unos senadores estadounidenses alientan cambios en el Kotel, lindante con el Monte del Templo.

Entonces, si unos funcionarios estadounidenses han señalado desde hace tiempo que el Muro Occidental no está en el territorio de Israel, desde el punto de vista de los Estados Unidos, ¿por qué unos senadores de los Estados Unidos urgen a Israel a realizar cambios en el Kotel? El consulado de Jerusalén (conocido como el Consulado General) ha manejado específicamente las visitas políticas de Estados Unidos a Jerusalén, Cisjordania y Gaza, debido a las diferencias entre la embajada de Tel Aviv y el estatus especial de Jerusalén.

Los senadores conocen bien la naturaleza sensible de Jerusalén. Han votado sobre resoluciones que marcan 50 años desde la guerra de 1967 y otros asuntos, como mover la embajada de los Estados Unidos. Algunos de los senadores que firmaron la carta a Netanyahu figuran entre las voces pro-israelíes en el Senado. El Senador Benjamin Cardin apoyó un proyecto de ley contra el BDS, por ejemplo. El senador Ron Wyden también lo respalda , al igual que el senador Richard Blumenthal. Sin embargo, la senadora Dianne Feinstein ha sido mucho más crítica con lo que denominó la "brutal política de captura de tierras" de Israel.

Entonces, ¿por qué los senadores de Estados Unidos buscan cambiar el status quo en Jerusalén cuando el Departamento no ve al Kotel como parte de Israel? ¿No deberían esperar hasta que se determine el estatus final antes de ordenar a Israel realizar ciertos cambios en el Muro Occidental? Tiene sentido exigir libertad de acceso religioso en línea con la propia visión del Departamento de Estado de la libertad religiosa, pero adentrarse en las minucias de gestión de una plaza parece ir más allá de la política estadounidense. Es cierto que sus electores judíos americanos tienen ciertas demandas sobre la oración en Jerusalén. Sin embargo, uno se pregunta si pedirían a Arabia Saudita que cambie las reglas de género para adaptarse a las demandas islámicas locales de los EEUU, o si los católicos estadounidenses solicitan cambios en el Vaticano. Al menos en esos casos, las áreas en cuestión se ven como parte del país.

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¿Que el asesino que mató a cincuenta personas en Las Vegas no era musulmán? ¡Qué alivio! - Ben-Dror Yemini - Ynet



Un suspiro de alivio se escuchó la semana pasada desde el New York Times a muchos otros periódicos y medios de comunicación de todo el mundo, incluso de Israel, acompañado por un gran desprecio hacia la derecha política: ¡Él (asesino) no es musulmán! Guau. Resulta que el terrible asesinato de cincuenta personas en Las Vegas fue cometido "solamente" por un loco, Stephen Paddock, y es que no es preciso ser un yihadista para llevar a cabo una masacre sin piedad.

Demasiadas personas están ocupadas disculpándose todo el tiempo, y saltaron con entusiasmo cuando la parte "no musulmana" pareció ostensible. Aquí está su prueba de que los musulmanes no tienen nada que ver con las masacres. Tienen razón. Pero su alegría burlona revela algo mucho más profundo. Están heridos de ceguera. Son gente que brinca de alegría cuando un "no musulmán" lleva a cabo una masacre, mientras que por lo general se mantienen callados cuando "un musulmán real" lleva a cabo una de las habituales masacres. La realidad debe ser vista tal como es, sin gafas de "derechas o izquierdas" que impidan no sólo la visión sino también el pensamiento.

En primer lugar, cada mes durante los últimos años, 1.000-2.000 personas han sido asesinadas por organizaciones de la yihad. No son víctimas de la guerra. Estos son sólo, exclusivamente, actos de terror. La mayoría de ellos ni siquiera son reportados por los medios occidentales porque realmente no es interesante que tres o cinco, o docenas de personas, hayan sido asesinadas en Nigeria, Somalia, Afganistán o Pakistán. Hace sólo unas semanas, dos mujeres musulmanas llevaron a cabo un atentado suicida en un mercado atestado cerca de un campo de refugiados en Nigeria. Todas las víctimas eran musulmanas. El número de informes en los medios occidentales fue cercano a cero.

En segundo lugar, en ciertos momentos de la historia, el cristianismo fue mucho más asesino que el Islam, e incluso si el Islam se esfuerza mucho, no llegará a las atrocidades cometidas, por ejemplo, en las Cruzadas. Hubo una masacre sin piedad contra comunidades judías enteras. Las sinagogas fueron incendiadas con gente dentro de ellas. En la Guerra de los Treinta Años, como parte de una sangrienta batalla entre facciones cristianas rivales, los cristianos se masacraron en grandes cantidades, haciendo que la batalla entre chiíes y sunitas parezca juegos de niños. La cosa es que el cristianismo se ha desmarcado de la industria de la muerte. Y el Islam está lejos de rehabilitarse.

En tercer lugar, al igual que la mayoría de las víctimas de la antigua violencia cristiana fueron en gran parte cristianos, la mayoría de las víctimas de los musulmanes de hoy en día - la mayoría absoluta - también son musulmanes. Los ataques terroristas en Occidente son sólo un pequeño porcentaje del terrorismo diario que sufren los musulmanes: la mayoría absoluta de las 21.245 personas asesinadas en el 2016 eran musulmanas. El ataque terrorista más serio en Occidente tuvo lugar en Niza, cuando un camión fue deliberadamente conducido para atropellar a multitud de personas que celebraban el Día de la Bastilla.

En cuarto lugar, con todo el respeto indebido al loco de Las Vegas, debemos recordar las palabras escritas por un musulmán valiente, Abdulrahman al-Rashed, el ex redactor jefe de Asharq al-Awsat: "Es un hecho cierto que no todos los musulmanes son terroristas, pero es igualmente cierto que casi todos los terroristas son musulmanes". Lo escribió en 2004. Desde entonces, las cosas sólo han empeorado.

En quinto lugar, muchos musulmanes conocen probablemente que donde quiera que el islam radical toma la delantera - ya sea en las comunidades occidentales o en los países musulmanes - el resultado inevitable es la destrucción, la opresión y la ruina. El problema no es sólo el terrorismo. Es también la opresión de las mujeres y el separatismo lo que está dejando atrás a los musulmanes. Los valientes entre ellos lanzan una batalla abierta, pero las fuerzas de progreso occidentales generalmente les dan la espalda. Si se niegan a participar en la campaña de odio contra Occidente o contra el sionismo, son indignos de apoyo.

Dudo que hubiera una sola persona seria de derechas que expresara su decepción al enterarse de que el asesino de Las Vegas no fuera musulmán. Pero está perfectamente claro que el suspiro de alivio emitido por algunos de los portavoces de la izquierda apunta a algo mucho más serio. Porque cuando cantidades masivas de capital sigue fluyendo de Arabia Saudí y Qatar para financiar mezquitas e imanes radicales, cuando numerosos intelectuales de las fuerzas del progreso proporcionan explicaciones y justificaciones para la yihad - si no simpatizan inclusive con Hamas y Hezbollah - y cuando el apoyo de los musulmanes a la yihad o a la imposición de las leyes de la sharia sigue creciendo, tanto en los estados musulmanes como en Occidente, la yihad puede seguir confiando en la estupidez de las fuerzas de progreso occidentales. Siempre estarán ahí para diferenciar a la gente. Siempre estarán ahí para decir que no existe ningún problema.

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Diputada árabe israelí: Los judíos no tienen derecho a la autodeterminación - Arutz 7



Hablando ante el The Jerusalem Fund and Palestine Center en Dallas la semana pasada, la diputada árabe Hanin Zoabi (Lista Árabe Conjunta) admitió abiertamente que los judíos no tienen derecho a la autodeterminación y que Israel no debería existir como Estado judío.

"Es la igualdad la que desafía la definición de Israel como un Estado judío", dijo Zoabi. "Utilizamos a esta democracia... por supuesto, está la cuestión de por qué usted... da legitimidad a Israel cuando está dentro de la Knesset. Esto es cierto. Pero recuerden, les estoy diciendo que ahora tenemos la capacidad de utilizar estas herramientas, las herramientas democráticas, para nuestros propios intereses, para nuestro enfoque nacional palestino [sic]".

"El régimen militar (es decir, Israel) trata de ser más liberal, más sofisticado con nosotros, y nuevamente para negar nuestra identidad... No basta con que Israel salga, debe abandonar totalmente Gaza y Cisjordania".

"El sionismo también debe abandonar toda la zona... Hay artículos en el Haaretz, que ustedes pueden leer, donde Israel se asemeja en la actualidad a la Alemania de los años treinta... También dentro de esta visión, es preciso definir la cuestión de la autodeterminación, no para los judíos, sino para los israelíes".

Zoabi entonces afirmó que el pueblo judío no es una nación, aunque admitió que Israel, ajeno a un estado judío, tiene derecho a la autodeterminación.

"La respuesta que damos es que los judíos no son una nación, así que no podemos hablar de la autodeterminación para el pueblo judío. Pero para los israelíes, ellos sí pueden disponer de autodeterminación, pero no como un estado judío, sino dentro de un estado democrático secular".

"Terminaré diciendo que nuestra lucha por los derechos humanos... por la igualdad colectiva y cívica... y por el derecho al retorno de los refugiados... cuando dicen que esto nos eliminará, que esta democracia nos eliminará... esto es una prueba más de que el sionismo es racismo".

Zoabi entonces exhortó a cesar la coordinación de seguridad con Israel y no conceder la ciudadanía automática a ningún judío que desee emigrar bajo la Ley de Retorno.

"¿Qué hacer?", se preguntó Zoabi. "A nivel macro, no lo sé, pero sí lo sé a nivel micro, deteniendo de inmediato la coordinación de seguridad... pero la visión... Bueno, esto es lo que decimos. Nuestra visión es la plena igualdad, el derecho de retorno de los refugiados, cambiando todas las leyes de ciudadanía, para que no haya ninguna garantía automática, ninguna ciudadanía automática para ningún judío y, por supuesto, el derecho a regresar a las aldeas y a las casas de los refugiados palestinos".

"Los judíos que no quieren aceptar esto, entonces se les debe permitir partir, para regresar (a sus países de origen). La visión de un estado, de un estado democrático, conlleva un compromiso enorme. No habrá un cien por ciento de justicia... Se precisa también de gran fuerza, frente a la comunidad internacional que sí, nos están sugiriendo un enorme compromiso histórico [sic], para renunciar al nombre incluso de Palestina en Haifa... Esto es, para nosotros, todo un compromiso".

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Las políticas de los izquierdistas israelíes como terapia - Gadi Taub - Haaretz



Podríamos pensar que el argumento de los derechos humanos habría resuelto el debate sobre la ocupación desde hace mucho tiempo. La ocupación es una violación de los derechos humanos, y una violación de los derechos humanos es una grave injusticia, y por lo tanto Israel debería abandonar los territorios inmediatamente, con o sin un acuerdo, para poner fin a esta injusticia. ¿Qué podría ser más simple?

Hay otros argumentos y consideraciones, muy relevantes, que pueden y deben emplearse contra ese argumento. Pero en el fragor del debate, tendemos a no comprender que el argumento de los derechos humanos es intrínsecamente problemático, incluso antes de ser confrontado por otros argumentos. Y eso se debe a que no podemos esperar que el fin de la ocupación conduzca a alguna mejoría en el área de los derechos humanos. De hecho, es justamente lo opuesto. La alternativa probable - Hamas, o incluso la Autoridad Palestina - sería evidentemente peor para los palestinos que el gobierno militar israelí. Entonces, quien desee presentar el caso únicamente sobre la base de los derechos humanos, fácilmente podría terminar confirmando la idea de que perpetua la ocupación en lugar de finalizarla. Pues después de haber planteado este enigma en bastantes ocasiones, principalmente al tipo de personas que se esfuerzan por reprimirlo, estoy familiarizado con el siguiente paso en el debate. Y es que habitualmente me contestan que "lo que hacen los palestinos a los palestinos es asunto suyo". Si otros terminan cometiendo injusticias aún mayores, eso no disculpa las injusticias que estamos cometiendo. Somos responsables de nuestras propias acciones, no de las acciones de los demás, eso es lo que suelen contestar.

Eso está muy bien. Pero si ese es su verdadero motivo, aquellos que dicen preocuparse tanto por los derechos humanos deberían "dejar de vendernos la mentira de que ellos se preocupan por los palestinos", y dejar de propagar descripciones de·sufrimiento que tratan de demostrar su piedad. Deberían simplemente decir la verdad directamente: "a ellos les importa bastante menos el sufrimiento de los palestinos, y no tienen reparos en dejar que unos árabes se comporten brutalmente con otros árabes". En lo que a ellos respecta, los palestinos pueden arder en el infierno, siempre y cuando nuestras manos permanezcan sin mancha. La limpieza de nuestras manos y nuestras conciencias es lo único que importa, no lo que les suceda a los palestinos.

Perdónenme por volver a la misma palabra una y otra vez, pero realmente parece tratarse de otra cuestión: el narcisismo. Porque las preocupaciones de estos izquierdistas se limitan a las suyas propias y a sus conciencias. Para ellos, la política es básicamente una forma de terapia. Se trata de uno mismo y no de los otros, del autorretrato reflejado en el espejo, no de la responsabilidad hacia otros seres humanos, ni de la auténtica realidad. Es un adorno decorativo otorgado por una conciencia "ilustrada". En realidad, es la manifestación de un "anhelo de estar liberados de lo político, de este mundo complicado e inmundo, en aras de la pureza personal". Y cuanto más atractivo traten de pintar su narcisismo, más feo es.

Una vez tuve un amigo que me dijo que si su casa se incendiaba, había algo que él querría salvar del fuego para su hijo: los informes de B'Tselem. A menudo me preguntaba a qué se refería. De todo lo que había en su biblioteca sobre Israel, ¿realmente eso era lo único que querría que su hijo recordara: las injusticias cometidas por Israel (suponiendo por un momento que estos informes contuvieran una documentación precisa y no inflada)?

Probablemente no. Si pudiera preguntarle, seguramente que me diría que trataría de salvar del fuego algo que ejemplificaba la importancia de la autocrítica. Pero esa no es toda la historia. Realmente trataría de salvar del fuego algo que garantizara, para sí y ante los demás, su propio certificado de integridad intelectual. Algo que le recordara a sí mismo y a su hijo que resistió el impulso de apartar la mirada cuando otros permanecieron indiferentes. Pero incluso esa no es toda la historia. Su objetivo real, eso creo, habría sido salvar una representación unilateral de un comportamiento horrible que empañaría a Israel tanto como fuera posible, porque cuanto más oscuro sea el telón de fondo contra el que se encuentre, más brillante será la pura blancura de su conciencia.

Las personas que buscan limpiar su conciencia a expensas del sufrimiento de otros no inspiran respeto. Especialmente cuando adoptan la pose de sentir lástima y compasión por aquellos a quienes, en realidad, estarían bastante dispuestos a sacrificar en beneficio de su supuesta superioridad moral.

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Netanyahu: Israel debe hacer frente a futuras amenazas de seguridad si quiere alcanzar el centenario - Jonathan Lis - Haaretz



Israel debe prepararse ahora para hacer frente a futuras amenazas existenciales si quiere celebrar su centésimo cumpleaños en otras tres décadas, advirtió el primer ministro Benjamin Netanyahu la semana pasada.

Durante una sesión de estudio bíblico en la residencia del Primer Ministro en Jerusalén, observó que el reino hasmoneano sobrevivió solamente unos 80 años, y él está trabajando para garantizar que el Israel moderno supere esa marca y alcance su centésimo cumpleaños.

El reino hasmoneano se convirtió en una comunidad judía independiente después de que los hasmoneos, también conocidos como los Macabeos, lideraron una revuelta exitosa contra Grecia. El reino fue conquistado por los romanos en el 63 a. C.

Las personas presentes en la sesión dijeron que la declaración de Netanyahu permitió vislumbrar su estado de ánimo y el grado en que la supervivencia de Israel le preocupa. También dijeron que difería mucho de sus comentarios habituales durante estas sesiones.

"Netanyahu dijo que nuestra existencia no es evidente y que hará todo lo posible para proteger al estado", dijo un participante. Señaló además que el estado hasmoneano duró solamente 80 años, y que necesitábamos superarlo.

Otro participante dijo que no creía que Netanyahu predijera el colapso de Israel, sino que simplemente daba a entender que debía mantenerse fuerte porque todavía es un país joven.

Netanyahu también dijo en la reunión: "No hay existencia judía sin la Biblia. En mi opinión, tampoco hay futuro judío sin la Biblia. Esa es el primero y el más elevado fundamento que poseemos. Ahora, no es que alguien trate de romper este fundamento. Todo tipo de personas y pueblos intentan hacerlo, pero con la ayuda de Dios, podemos decir que permaneceremos firmes".

Esta fue la novena vez que Netanyahu y su esposa Sara organizaron una sesión de estudio bíblico en honor del difunto padre del primer ministro. La sesión se dedicó principalmente a la festividad de Sukkot, que duró una semana y comenzó el pasado miércoles, con su mensaje de la fragilidad de la vida, simbolizado por la práctica religiosa de comer y dormir en cabañas temporales conocidas como sucás durante las vacaciones.

Netanyahu también reiteró sus condiciones para la paz con los palestinos. "Cualquiera que hable sobre un proceso de paz debe primero hablar sobre el hecho de que deben reconocer a Israel, el estado del pueblo judío".

"No estamos interesados ​​en una reconciliación falsa en la que los partidos palestinos se reconcilien entre sí a expensas de nuestra existencia", agregó, refiriéndose a las actuales conversaciones de reconciliación palestina entre los partidos de Fatah y Hamas. "Por lo tanto, esperamos ver tres cosas: uno, el reconocimiento del Estado de Israel; dos, el desmantelamiento del ala militar de Hamas; y tres, cortar los lazos con Irán, que exige nuestra destrucción. Estas son cosas básicas e insistiremos en ellas".

Asistieron a la sesión tanto intelectuales, principalmente aunque no exclusivamente identificados con la derecha, como familiares de víctimas. Entre los primeros estaban el poeta Erez Biton, el periodista Benny Ziffer, el rabino Dr. Benny Lau, el prof. Moshe Bar-Asher y el Dr. Micah Goodman. Entre los familiares estaba Miriam Peretz, cuyos dos hijos fueron asesinados durante el servicio militar, y Bat-Galim Shaer, cuyo hijo fue uno de los tres adolescentes secuestrados y asesinados por Hamas en junio de 2014.

La tradición de las clases de estudio bíblico en la residencia del Primer Ministro se remonta al primer primer ministro de Israel, David Ben-Gurion. Netanyahu la reanudó hace más de cuatro años.

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El Yom Kippur del campo de la paz israelí - Israel Harel - Haaretz



Cuanto más persigue la paz el "autodenominado campo de la paz", más se le escapa dicha paz. Aunque la realidad siempre les demuestra que se equivocan, continúan negando la inutilidad de su obsesión. Cualquier persona con ojos en la cabeza puede ver que los palestinos no quieren y no pueden hacer la paz. ¿Y el campo de la paz? Continúa avanzando en su obsesión, como en los días de Oslo, descarada y obstinadamente, con el rostro severo y mareado, al igual que en los días en que estaba en el poder y realizó movimientos impregnados de negación y engaño que terminaron en ríos de sangre y de duelo.

Un claro ejemplo de esta negación es que el campo de la paz ha ignorado casi por completo las declaraciones del profesor Shlomo Ben Ami en la edición de Año Nuevo del Ma'ariv. "Las personas que enarbolan el eslogan de 'acabar con la ocupación' no saben de qué están hablando", les dice. Luego de un retraso de muchos años, Ben Ami aplasta los paradigmas que defendió en el pasado y que aún alimentan, debido a su vacío ideológico, a los partidos de izquierda.

"No acepto la ilusión de que si la izquierda estuviera en el poder alcanzaríamos un acuerdo de paz. Nuestro cuerpo está cubierto de heridas por esa negociación. Los palestinos fallaron y se dirigieron (ellos mismos) al agujero negro en el que se hallan y en el que estamos". Estas son las palabras de un hombre de la izquierda profunda que mira directamente, aunque parcialmente, a la realidad. Permitan que sea este un punto de información para la mayoría de los columnistas en este periódico, así como para los de otros importantes medios de comunicación, que tienen la mayor parte o la totalidad de la culpa de la ausencia de paz en Israel. (Bill Clinton, según Ben Ami, dijo sobre el consentimiento de Ehud Barak de entregar el Monte del Templo a los palestinos: "Nunca he conocido a un hombre tan valiente".)

Para Ben Ami, al igual que para otros ideólogos incondicionalmente izquierdistas, el fin justifica los medios. Para él, los primeros ministros realmente valientes, revolucionarios e importantes son Arik Sharon y Ehud Olmert y, hasta cierto punto, Menachem Begin (con respecto a los asentamientos del Sinaí), además de Yitzhak Rabin (con respecto a las Alturas del Golán). Prometieron a sus electores una cosa, pero los traicionaron y llevaron a cabo una política completamente opuesta. Como ministro de Asuntos Exteriores, Ben Ami encabezó el movimiento para dividir Jerusalén, entregar el Monte del Templo a los palestinos, regresar casi por completo a las líneas del 67 y formular una fórmula vaga para el derecho de retorno, siempre y cuando satisfaga a los palestinos. En vano, por supuesto. Por eso, dice ahora que Leah Rabin le dijo: "Si Itzjak hubiera sabido lo lejos que se había ido, se revolvería en su tumba".

Yasser Arafat, el favorito de los principales periodistas de Israel que cayeron cautivos de sus encantos y fueron a visitarlo - y, por supuesto, a los estadistas que lo siguieron apoyando incluso cuando estallaron autobuses y cafés- "empujó a todos al abismo. Llegamos a negociar sobre el arreglo del estatus final, suponiendo que íbamos a resolver los problemas del 67 con un compromiso, y de paso también resolveríamos los del 48".

No aplaudo la "audacia" de Ben Ami. El dice hoy, cuando el precio de la sangre aún se está cobrando, las cosas que piensan los israelíes sobrios, y que muchos de ellos dijeron y escribieron en tiempo real, mientras él y sus colegas continuaban el camino equivocado, incluso cuando ya se enfrentaban a una trampa monumental("En realidad, Oslo fue lo último que le interesaba a Arafat. Me sorprendería saber que incluso se leyó el texto de los acuerdos").

Las palabras de Ben Ami no son, por lo tanto, como se supone que deberían haber sido, sino una mea culpa o incluso apenas una cuasi confesión. Para su crédito, los que corrieron con él y siguieron su senda, como Barak, Yossi Beilin, Olmert, Tzipi Livni y muchos otros, no tienen el coraje de dejar que la verdad cruce sus labios

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Sunday, October 01, 2017

Una modesta esperanza de cordura en lugar de los habituales clichés - Ben-Dror Yemini - Ynet



Hay algo frustrante en las predecibles reacciones al ataque terrorista del martes por la mañana en Har Adar . Una vez más, escuchamos clichés - los mismos clichés- repetidos tanto por la izquierda como por la derecha. Los representantes de los dos campos, casi todos ellos, están fijados en una anticuada división. Tanto la izquierda como la derecha han fracasado, y este serio ataque sólo los hace hundirse más profundamente en su propio lodazal.

La izquierda quiere una "renovación del proceso de paz". ¿El proceso de paz ha evitado los ataques terroristas? ¿Son las personas que llevan a cabo los ataques terroristas esos pacifistas que del lado palestino están tratando de hacer avanzar la paz de maneras algo violentas? Después de todo, ya hubo mortíferos ataques terroristas en los años y días de auge y desarrollo del proceso de paz. Después de todo, la gran ola de terrorismo, la Segunda Intifada, llegó después de que Israel cruzara el Rubicón y aceptara, por vez primera, un estado palestino y una división de Jerusalén. Fue un esfuerzo inútil.

La derecha por el contrario quiere "una respuesta sionista adecuada". En otras palabras, más puestos de avanzada llamados "nuevos barrios". ¿Desde cuándo la mezcla de poblaciones resuelve el problema? ¿Dónde ha funcionado exactamente? ¿Y cuándo el viejo sueño de la OLP, crear un gran estado binacional de mayoría árabe, se ha convertido en una visión sionista? Eso es exactamente lo que quiere el "Frente de rechazo palestino". Es lo que quieren los activistas del BDS. ¿Así que ahora es la función de la derecha cumplir sus objetivos? ¿La respuesta al terrorismo tiene que ser un cumplimiento de la visión de los terroristas?

Es cierto que ha habido terrorismo y habrá terrorismo, con o sin paz. Porque el terrorismo existe tanto en los lugares gobernados por las leyes de la Sharia como en Alemania, Inglaterra y Francia, que no tienen controles o una ocupación. Y el terrorismo tiene su propia lógica, que no está directamente relacionada con lo que Israel hace o deja de hacer.

También debemos recordar constantemente a la gente que Israel ha cumplido con la tarea de minimizar el terrorismo. El terrorismo de la Segunda Intifada fue derrotado. Y aunque todavía no ha terminado, la ola de golpes se ha calmado. Y ha habido y habrá, a ambos lados de la Línea Verde, ataques individuales que no están afiliados a ninguna organización.

Pero una cosa está clara: Cuanto más mezclemos poblaciones hostiles, como residentes de puestos avanzados y partidarios de Hamas, más alto será el nivel de violencia. Quien quiera más terrorismo debería aprobar más puestos de avanzada junto a más y más pueblos. La separación no eliminará el terrorismo, pero reducirá su nivel. Y es que hoy en día no hay ningún socio palestino para separarnos por medio de un acuerdo. Y aunque el primer ministro Benjamin Netanyahu ofrezca los parámetros de Clinton al presidente palestino Mahmoud Abbas mañana mismo - y es una pena que no lo haga -, ya sabemos de antemano que Abbas dirá no.

Así que sólo queda un plan, un plan en el que muchas personas razonables de la derecha y la izquierda no dogmáticas se han centrado en los últimos años: La separación con un control continuo. Este plan ha sido iniciado y sugerido por muchos ex funcionarios de defensa. Por un lado, los palestinos recibirían mucha más autonomía, mucho más autogobierno, mientras que, por otro lado, Israel seguiría con su control tanto de la frontera jordana como de todos los puntos cruciales.

No existe una solución mágica al problema del terrorismo y al conflicto israelo-palestino. Pero hay una manera que nos salvará de un estado binacional y nos pondrá de nuevo en el camino hacia un auténtico Estado judío. Este camino no tiene el brillo del útopico cliché de los enemigos que se abrazan y reconcilian que algunos están tratando de vendernos. Pero ofrece una modesta esperanza de un poco más de cordura y normalidad.

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Saturday, September 30, 2017

Mientras los judíos americanos se preocupan por la Alt-Right, los que odian y quieren expulsar a los judíos se agrupan en el partido Laborista británico





Activistas laboristas en la conferencia del partido Laborista del Reino Unido comparan a Israel con la Alemania nazi - Erez Frisch - Israel Hayom

La conferencia anual del 2017 del Partido Laborista del Reino Unido estuvo marcada el martes por los virulentos comentarios antisemitas en un acto paralelo titulado "Discurso libre sobre Israel". El Laborismo, el mayor partido de la oposición de izquierdas del parlamento británico, está dirigido por el diputado Jeremy Corbyn, conocido por su postura pro-palestina y por su admiración por los grupos terroristas Hezbollah y Hamas.

El activista anti-Israel Miko Peled afirmó en el mencionado acto que se debe permitir que la gente exprese su escepticismo sobre el Holocausto, diciendo que es una cuestión de libertad de expresión y de libertad para expresar críticas, y "discutir cada tema, si hubo Holocausto sí o no , y sobre la liberación de Palestina, todo el abanico de temas".

Según informes de los medios de comunicación británicos, Peled, él mismo un estadounidense e israelí, comparó a Israel con los nazis y dijo: "No invitamos a los nazis a dar una charla de una hora para explicar por qué están en lo cierto. No invitamos a Sudáfrica a explicar por qué el apartheid era bueno para los negros. De la misma manera no se debe invitar a los sionistas".

Los activistas que estuvieron en el acto en el que Peled habló dijeron que se les había pedido que no filmaran ni grabaran su discurso.

Otros informes del acto comentaron que otros oradores también habían hecho declaraciones condenando a Israel y afirmando que Israel había cometido genocidio, y algunos incluso se negaron a pronunciar el nombre del país, refiriéndose a él como el "estado sionista".

También se informó que Tony Greenstein, un miembro del Partido Laborista que fue suspendido por comentarios antisemitas como "escoria sionista", fue muy aplaudido.

Otra propuesta que recibió la aprobación de la audiencia fue la de Michael Kalmanovitz, miembro de la Red Judía Antisionista Internacional, quien dijo que el Movimiento Laborista Judío y los Amigos Laboristas de Israel deberían ser expulsados ​​del partido.

Sin embargo, Jeremy Newark, presidente del Movimiento Laborista Judío, afirmó que el líder del partido, Corbyn, debería sentirse avergonzado porque la conferencia había sido concebida como una oportunidad para celebrar su éxito en las recientes elecciones, pero fue ensombrecida por unos "titulares escalofriantes".

Los acontecimientos de la conferencia del martes enojaron a muchos activistas laboristas, incluyendo algunos partidarios laboristas judíos. El diputado líder del Partido Laborista, Tom Watson, prometió que el partido investigaría los incidentes.

La miembro de la Knesset, Stav Shaffir (Unión Sionista), que asistió a la conferencia como invitada especial de organizaciones judías, dijo el martes que "nunca cederemos y permaneceremos en silencio frente a las expresiones de antisemitismo y odio. Los representantes israelíes o judíos no deben permanecer en silencio frente a movimientos populistas como éstos, en cualquier lugar".

PD. Se ha de recordar que esta misma Stav Shaffir participó hace un año o dos en un panel de J Street donde uno de los fundadores de la organización afirmó que los judíos israelíes debían volver al estado de dhimmis en una deseable y futuro Gran Palestina árabe. Es decir, debían permanecer como una minoría y depender de la benevolencia y el control árabe.

Por aquel entonces Shaffir permaneció muda


Burlas, desprecio y calumnias por parte de los habituales matones judíos antisionistas y anti-Israel -  Mark Gardner - Times of Israel

¿Qué es lo que le ocurre al partido Laborista con el antisemitismo que fluye a su alrededor? Un paso adelante, un paso hacia atrás, un pulgar hacia arriba, un dedo pegado en la cara.

Casi el 97% de los delegados de la Conferencia del Partido Laborista votaron por el cambio de reglas que prohíben el racismo. Este cambio de reglas fue incansablemente promovido por el Movimiento Laborista Judío y respaldado por Jeremy Corbyn y por sus partidarios izquierdistas de Momentum.

Suena bien, ¿no creen? A menos que ustedes estuvieran sentados en la Sala de Conferencias y oyeran los fuertes aplausos para aquellos que comparaban a Israel y a los sionistas con Sudáfrica y el apartheid. O si usted percibía cuán hoscos y rencorosos eran muchos de los votos de la resolución contra el antisemitismo.

Mientras tanto, la Voz Judía por el Laborismo (la versión británica de la americana Voz Judía por la Paz)  se aferró a su trabajo de asegurarles a los fieles de Corbyn que cualquier persona que se queje de antisemitismo es un mentiroso, un agente voluntario del Daily Mail o un enviado de Benjamin Netanyahu, y pueden rellenar todos los puntos en medio.

Esta calumnia además buscaba equiparar al Movimiento Laborista Judío, que ha hecho todo lo posible por legitimar los votos de la elección para un gobierno laborista conducido por Corbyn. Pero como cualquiera puede adivinar, su objetivo es destruir a su enemigo en lugar de derrotar su argumento.

De vuelta a la Conferencia, Len McCluskey, el mayor dirigente sindical detrás de Corbyn, tomó el libro de justificaciones de Ken Livingstone (muy conocidas sus declaraciones antisemitas, por las cuales ha sido sancionado) declarando que nunca ha visto antisemitismo en el Laborismo. También dio todo su apoyo a la inefable Voz Judía por el Laborismo: uno de cuyos líderes, Mike Cushman, ha dicho que el Laborismo "se ha convertido en un peón de las organizaciones sionistas", un lenguaje conspiratorio agradable para estos chicos.

Mientras tanto, Miko Peled, un judío americano israelí que al parecer odia al sionismo, afirmó en otra reunión de la Conferencia donde actuaban los habituales y envejecidos judíos antisionistas, que "todos los temas" deben ser discutidos, incluyendo "el (si hubo) Holocausto: sí o no". Nadie se quejó. En la misma reunión, un miembro de la audiencia afirmó muy expresivamente que el Movimiento Laborista Judío y los Amigos Laboristas de Israel deberían ser expulsados ​​del Laborismo. Con una chutzpah ilimitado, el lema de este grupo antisionista judío es "Libre discurso sobre Israel". Se superpone realmente a las afirmaciones de la Voz Judía por el Laborismo, pero es un poco más desagradable en el estilo.

Simultáneamente, otro judío antisionista británico-israelí, Moshe Machover, también puso su granito de arena: esta vez se trataba de un botín nazi perteneciente a Reinhard Heydrich, uno de los arquitectos principales de la Solución Final. Machover escribió un artículo especial "Antisionismo no es igual a Antisemitismo" para que los marxistas del partido Laborista lo distribuyeran en la Conferencia, y en él citaba a Heydrich realizando "una mención amistosa del sionismo". Y esto, a pesar de la famosa cita nazi que comienza con las palabras "El nacionalsocialismo no tiene ninguna intención de atacar al pueblo judío de ninguna manera". Esta es la profundidad que alcanzan algunos antisionistas judíos, y sólo para calumniar y demostrar su desprecio por sus correligionarios sionistas.

En todos los casos anteriores, y una vez más, los principales protagonistas fueron los habituales antisionistas judíos arrastrando al partido Laborista a un mayor descrédito dentro de la corriente principal de la comunidad judía. Una vez más, los judíos antisionistas ayudaron a proporcionar la munición para que el Daily Mail disparara contra su gran líder. El Laborismo sí tiene un grave problema con los judíos: pero no es (solamente) el que piensa

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