Sunday, September 24, 2017

El pensamiento echado a perder - Michael Weingrad - Jewish Review of Books




Bruno Chaouat tituló mordazmente su libro sobre cómo los teóricos posmodernos han contribuido al incremento al antisemitismo europeo en las últimas dos décadas de una manera deprimente. "¿Es la teoría buena para los judíos?" revisa las maneras en que los intelectuales de moda en ambos lados del Atlántico no sólo han fracasado coherentemente ante el odio ramificado y la violencia en sus sociedades, sino que a menudo se han unido al coro antisemita, especialmente cuando Israel es el objetivo. El pathos del libro deriva no sólo de los análisis detallados y moralmente convincentes de Chaouat de una galería de pícaros académicos contemporáneos. También refleja la admirable honestidad con que Chaouat, un profesor de francés en la Universidad de Minnesota que se describe a sí mismo como "un adicto a la Teoría no arrepentido", se pregunta si una vida dedicada a la "Teoría" puede haber sido todo un error.

En el prefacio del libro cita el famoso anticlímax de Proust en el que el protagonista de Swann in Love reflexiona: "Pensar que he perdido años de mi vida, que he anhelado morir, que he experimentado mi mayor amor por una mujer que no me atrajo, que ni siquiera era mi tipo...". Chaouat se atreve a preguntarse si, dado el autismo moral de tantos luminarias de la Teoría al confrontar con las cuestiones políticas básicas de nuestro tiempo, su propio romance con la Teoría ha sido todo un desperdicio similar.

No dejemos estas preguntas en suspenso, como lo hace Chaouat con tristeza. La respuesta al título del libro es sencilla: No, la Teoría no es buena para los judíos (o por lo demás, para quien se preocupa por la claridad intelectual y moral). Y sí, hay probablemente mejores maneras de desperdiciar la vida propia que adoptar unos estúpidos conceptos postmodernistas y una jerga al uso. Y sin embargo, si Chaouat vacila a la hora de sacar unas conclusiones tan ambiguas, ha realizado todo un servicio describiendo una serie de recientes fracasos intelectuales y morales recientes de la Teoría, y cómo siguen girando en torno a los judíos, el Holocausto y el Estado de Israel. Vale la pena saberlo ya que, adoptando la advertencia de Trotsky, los judíos pueden no estar interesados ​​en la Teoría, pero la Teoría está muy interesada en los judíos.

Para los que no han estado en un departamento universitario de humanidades desde los años 80, la Teoría, también conocida comúnmente como la "teoría francesa, teoría posmoderna o teoría crítica", es, como dice Chaouat, un conjunto de "discursos teóricos permeados por el legado de Nietzsche y de Heidegger", que incluye "la deconstrucción, así como el estructuralismo, el post-estructuralismo y el psicoanálisis lacaniano", además de la teoría poscolonial e ideas más o menos distantes, como los escritos neomarxistas de los pensadores de la Escuela de Frankfurt.

Entre sus tótems se incluyen a Jacques Derrida y Michel Foucault, que han sido por lo menos tan influyentes en la academia americana como en Francia o Europa en general. Los marcadores frecuentes de la teoría son un escepticismo radical sobre la existencia de la verdad y el significado estable en la comunicación humana; la convicción de que la civilización occidental y las instituciones de la modernidad liberal no pueden y deben distinguirse significativamente de la barbarie totalitaria; una fascinación con los poderes supuestamente liberadores y expendedores de violencia, degradación y extremidad sexual; y una famosa y oscura forma de expresión.

No menos característico de la Teoría es su enfoque sobre los judíos. Como escribí hace más de dos décadas, cuando todavía me estaba recuperando de la esclavitud de la Teoria:

Cada gran teórico francés contemporáneo ha realizado algún estudio o pronunciamiento sobre los judíos y su lugar en Occidente. Esto significa que en la literatura y en los estudios culturales, donde la influencia de los pensadores post-estructuralistas franceses es tan inmensa, muchas de las obras más leídas de la Teoría se centran en aspectos de la historia y el pensamiento judíos, un extraño tipo de "estudios judíos posmodernos" que se han convertido en una parte central del discurso académico.

Observé entonces que en este discurso "los propios judíos se vuelven etéreos, siendo reducidos habitualmente a un solo principio filosófico o un valor meramente simbólico que se presenta como su "naturaleza esencial". Un ejemplo bien conocido de esa caracterización proviene del famoso maestro de Chaouat, Jean-François Lyotard, cuyo libro de 1988 "Heidegger et les juifs" pone a "los judíos" entre comillas para indicar que son realmente el principio de la indeterminación semántica y filosófica, lo que ningún sistema de pensamiento puede contener. Lyotard y otros teóricos, judíos o no, parecen conocer vagamente algo sobre los detalles y la sustancia real del judaísmo y de la historia judía. Tales abstracciones tendían lo más a menudo a ser nada más que un reclutamiento de viejos tropos y estereotipos (judíos como parias, judaísmo como personas sin hogar, etc.) presentados ahora como un análisis crítico.

Tal era la posición en el ámbito académica en esos momentos. El libro de Chaouat recoge la historia desde allí, analizando las declaraciones de los teóricos y sus compañeros de viaje desde el 11 de Septiembre y el surgimiento del violento antisemitismo jihadista en Europa. Inevitablemente, nos encontramos con la profesora de Berkeley, Judith Butler, quien ha estado a la vanguardia del boicot académico contra Israel y que considera al sionismo como una perversión criminal del judaísmo. Chaouat deja en evidencia, entre otras cosas, sus tergiversaciones del filósofo Emmanuel Levinas, a quien Butler acusó de racismo a causa de una entrevista en la que Levinas sostuvo que los israelíes, como todas las personas, tienen la obligación ética de protegerse a sí mismos y a sus familias del terror. Butler, junto con Slavoj ŽiŽek, Santiago Zabala y Gianni Vattimo, contribuyen al volumen del 2014, "Deconstructing Zionism: A Critique of Political Metaphysics" (Deconstruyendo el Sionismo: Una crítica de las metafísicas políticas), donde Chaouat demuestra que hallan presentes un buen número de teorías de la conspiración sobre el 11 de Septiembre, representaciones del pueblo judía como el mal único metafísico, y una gama de rancias diatribas anti-judías reutilizadas ahora para criticar a Israel y exculpar a sus enemigos. La calidad del pensamiento, si nos dedicamos a desenmascarar  las empalagosas abstracciones teóricas, puede verse en la contribución de Vattimo, un profesor emérito de filosofía en la Universidad de Turín y miembro del Parlamento Europeo (y simpatizante vocal de Hamas). Vattimo expresa su esperanza de que:
La sangrienta política racista del Estado de Israel haya comenzado a empujar a la comunidad judía estadounidense - su mejor parte, ciertamente, empezando por Chomsky - a tomar nota de que lo más digno de elogio y de profundidad de la tradición judía resulta algo putrefacto, un aire caliente del que uno debe liberarse a sí mismo para evitar derramar sangre a causa de la Tumba de Raquel, el área del Templo, o los derechos sagrados de los judíos a la Tierra Prometida.
Al escribir en otro lugar, un discípulo de Foucault, Giorgio Agamben, sugiere que tanto los palestinos como los israelíes abjuren de toda autodeterminación nacional, ya que, según Agamben, "la soberanía nacional conduce inevitablemente al nazismo, mientras que los palestinos sin estado encarnan realmente el ideal moral de la impotencia judía".

Esta comparación del sionismo con el nazismo es, por supuesto, un tropo que se ha extendido mucho más allá de los recintos teóricos de la academia. En 2010 Stéphane Hessel, un héroe y anciano judío de la resistencia francesa que había sobrevivido a Buchenwald y Dora, publicó un breve best-seller titulado "Indignez-vous!" (traducido al inglés en 2011 como Time for Outrage!) en el que declaró retrospectivamente que la ocupación alemana de Francia había sido "relativamente inofensiva" en comparación con las presuntas depredaciones israelíes en Cisjordania. El libro fue publicado en inglés y ayudó a inspirar el movimiento Occupy Wall Street.

Por supuesto, los sionistas de Israel pueden ser demonios en forma humana, ¿pero tal vez estos intelectuales tendrían alguna palabra o preocupación para hablar en nombre de las comunidades judías de Europa, los objetivos de una ola continua de la violencia yihadista? El propio Derrida, cuando fue entrevistado en 2001, fue incluso incapaz de percibir un antisemitismo creciente, y no arraigado en la derecha, sino en la izquierda anti-Israel y la población musulmana de Francia. Su discípulo, el desconstruccionista Bernard Stiegler, culpa a las masacres recientes de judíos franceses, según nos informa Chaouat, al "consumismo, a la industria del entretenimiento y al cinismo de las élites financieras". Como dice Chaouat, este "elaborado análisis sociológico" es "un serio obstáculo para entender el resurgimiento del antisemitismo". También podría haber observado que entre los propios antisemitas, hay pocas dudas sobre quién dirige la industria del entretenimiento y constituye la élite financiera.

Chaouat muestra cómo varios teóricos postcoloniales justifican o ignoran el antisemitismo musulmán, visto como una respuesta legítima al colonialismo europeo. De hecho, tal como escribe Chaouat, una serie de escritores franceses "se preocupan menos por los ataques musulmanes contra los judíos que por la amenaza política que representan aquellos judíos europeos que han mostrado su disposición a condenar al antisemitismo, incluso cuando es protagonizado por musulmanes, y a defender a Israel contra aquellos que querrían ver destruido el Estado judío". En el mundo de la Teoría, tal disidencia marca a estos judíos como apologistas del imperialismo, del fascismo y, una vez más, de un holocausto israelí dirigido contra los palestinos.

Chaouat traza cierta parte de estas inversiones en la abstracción de la Teoría sobre los judíos y el judaísmo como símbolos, símbolos morales fungibles y fácilmente transferidos a otras cuentas bancarias. No es de extrañar que los intelectuales que ven a los judíos sólo como unos extraños desterritorializados tienen poca experiencia con los judíos reales de carne y hueso, y mucho menos con los que tienen un estado-nación. Pero Chaouat también ve un importante cambio ideológico en la creciente identificación dentro de la Teoría "de los judíos con los nazis y los palestinos, musulmanes y otros grupos del Tercer Mundo con los antiguos judíos (cuando sí eran nobles)". Antes de los años noventa, argumenta Chaouat, los teóricos posmodernos tendían a celebrar la violencia y la transgresión de las normas liberales por su propio bien. Georges Bataille, por ejemplo, otro de los pensadores fundamentales de la Teoría, creía que las verdades metafísicas cruciales debían ser encontradas en experiencias límites violentas, ya sean gozosas y extáticas o agonizantes y degradantes, pero en cualquier caso, en gran medida desenganchadas de cualquier política rutinaria o práctica.

En contraste con los viejos buenos tiempos del postmodernismo, los teóricos de hoy han tomado lo que Chaouat caracteriza como un "giro moralista". En lugar de defender el tipo de estética amoral, más allá del bien y el mal, de Bataille, los teóricos posmodernos prefieren ahora apoyar proyectos de resistencia y de violencia política en nombre de lo que ven como grupos oprimidos. Si los judíos y los israelíes, que ahora son definidos como colonialistas blancos o incluso nazis, deben ser arrojados bajo el autobús de la historia como parte de ese proyecto utópico, pues que así sea.

A lo que uno podría responder, ¿no es acaso todo esto, no un problema de la Teoría, sino de la izquierda radical en general? Después de todo, la conspiración antisemita, el odio a Occidente y las toscas visiones de las revoluciones anticapitalistas y las sublevaciones del Tercer Mundo pueden encontrarse en el Partido Laborista de Inglaterra, así como en múltiples departamentos de los campus de Estados Unidos. Chaouat eventualmente coloca su tema, aunque de forma pasajera, en el contexto de la izquierda global. Tomando nota de la infame caracterización realizada en el 2012 por Judith Butler, al situar a Hamas y Hezbollah como movimientos sociales progresistas, concluye:
La izquierda radical, al verse privada del proletariado de ayer, ha invertido sus esperanzas en los antiguos pueblos colonizados y en la figura del inmigrante. Ve las luchas políticas actuales a través de las lentes mesiánicas del pasado.
De hecho, el antisemitismo y el antisionismo de los intelectuales posmodernos, su fetichización de los palestinos y de los yihadistas violentos, tienen menos que ver con nuevas lecturas de Derrida que con rasgos ya muy antiguos de la ideología política de izquierda. Si crees que la democracia liberal no debe ser apreciada, sino destruida; si crees que el valor moral se atribuye no a la elección personal sino a la afiliación grupal; si crees que tales grupos se dividen bien en opresores y oprimidos; y si crees que tal opresión se manifiesta en formas cada vez más sutiles pero insidiosamente omnipresentes a través de las cuales los poderosos subyugan a las masas; el antisemitismo probablemente será una característica, no un error, de su visión del mundo.

A pesar de su agudeza analítica y de su pasión moral, Chaouat abandona el contexto histórico y filosófico más amplio de la relación de la Teoría con la izquierda, una relación en gran medida inexplorada. Del mismo modo, para un libro que se centra principalmente en las figuras académicas, el análisis de Chaouat es silencioso acerca de las características básicas de la vida académica que contribuirían a la comprensión adicional de los cambios ideológicos que menciona. Lo más fundamental en el contexto americano es la aniquilación o borrado virtual de la facultad de humanidades con un carácter no izquierdista. Los estudios demuestran que lo que ya había sido una posición minoritaria durante décadas de los conservadores dentro de la academia, y empezando en la década de 1990, comenzó a aproximarse a la densidad de población de los unicornios y otros seres mitológicos. Parece probable que la incorporación del antisemitismo y el antiisraelismo no sea ajena a la cultura política de la academia. Después de todo, estamos ahora a más de dos generaciones separados de una cultura académica que manifestó un sólido compromiso con las normas de la democracia liberal y estaba familiarizado con los textos clásicos que avalaban este compromiso.

Y sí, por el contrario, el típico menú ideológico de hoy en día ofrece principalmente opciones entre, digamos, un radicalismo foucaultiano o derridiano, o entre el derrocamiento de Occidente por Nietzsche o Marx -, y si has sido expuesto a un poco más, no puede sorprendernos que el juicio político se convierta "en algo sesgado".

Aunque valioso y penetrante, el libro de Chaouat se asemeja a otros intentos recientes de académicos judíos liberales de izquierdas de empujar a sus colegas más radicalmente militantes - por ejemplo, el volumen de 2014 "El caso contra los boicots académicos de Israel" o el reciente (y, por el momento, exitoso) intento de detener los boicots contra Israel por parte de la Asociación de Lenguas Modernas. Uno aplaude estos esfuerzos, pero vistos desde fuera del truncado espectro político del profesorado académico actual, pueden parecer un tanto tardíos y algo pírricos: unos liberales anticuados pidiendo a sus modernos colegas radicales no ser apartados, al igual que sus colegas conservadores, y los profesores que apoyan la existencia continua de Israel pidiendo su entrada como miembros judíos en el club de los agraviados.

Es una acta final, la crítica de Chaouat deriva los desvíos de la Teoría a una comprensión más política y moral de las novelas de Philip Roth, Boualem Sansal y Michel Houellebecq, que aportan mucho más que cualquier texto teórico que cite. Se podría haber deseado que la Teoría fuese hoy una cuestión de trivialidades de los años ochenta, como mucho un ejercicio de nostalgia de cierta época, como ciertos programas de la televisión, aunque más aterrador y menos entretenido. Por desgracia, como muestra el libro de Chaouat, todavía está muy viva y presente entre nosotros.

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Saturday, September 23, 2017

La lucha contra la tiranía - Dror Eydar - Israel Hayom



1.- Un colectivo de hombres y mujeres establece una entidad nacional y nombra jueces para mantener el orden entre los ciudadanos. Cada cuatro años, los ciudadanos eligen un liderazgo para dirigir su barco a través del valle de sombras de la muerte de pueblos y naciones, de peligros y aspiraciones. Los ciudadanos no eligen a los jueces para que los jueces no dependan de hacer las gracias al pueblo. Los jueces no interfieren con las elecciones políticas del pueblo ni están involucrados en los arreglos realizados entre las diferentes facciones dentro del colectivo.

¿Cómo resuelven las personas de este colectivo la aparición de ideas y deseos conflictivos? Establecen coaliciones, unen fuerzas con otras facciones con puntos de vista contradictorios por medio de un compromiso. Estas son las reglas que se fijaron por adelantado. Democracia. Cualquiera que se niegue a aceptar las reglas perjudica esencialmente la capacidad del colectivo de seguir viviendo colectivamente.

No hay mejor manera de alcanzar el objetivo más elevado de la vida colectiva nacional que el diálogo y la toma de decisiones conjuntas que involucran a todos los diferentes grupos en una casa que se estableció precisamente para ese propósito: la Knesset.

Los arreglos de compromiso ciertamente tienen el potencial de volver locos a los socios de la coalición, pero es la única manera de vivir juntos. La coerción inevitablemente socavaría las leyes fundamentales de la vida colectiva, es decir, la única manera posible de conciliar todos los puntos de vista: Arreglos legales y equilibrados por la cooperación de la coalición.

Así fue como el estado fue gobernado durante décadas. La rama judicial no interfiere en los poderes legislativo o ejecutivo, a menos que ocurra algo muy extremo.

Durante mucho tiempo, un grupo gozó de una hegemonía completa en el estado, mientras que otro grupo fue excluido, oprimido, calumniado, pasando muchos años sin poder y/o sin legitimidad en la oposición, hasta que accedió al poder y estableció un gobierno. No fue un golpe de Estado, sino una decisión democrática realizada por la misma población que había colocado al primer grupo que estuvo anteriormente en el poder durante tantas décadas.

Este giro en los acontecimientos horrorizó al primer grupo. En su mente, había construido al Estado sin ayuda y se sentía dueño de todo lo que se había logrado hasta ahora. ¿Qué iban a hacer? ¿Cómo podrían proteger su logro sin parecer que rechazaban las reglas de la democracia? En busca de ayuda, los representantes del grupo derrotado se dirigieron a la rama judicial. Ellos les dijeron: Si bien es cierto que ustedes no fueron elegidos por el pueblo, sí hablan nuestro idioma y están de acuerdo con nuestras creencias básicas. A partir de ahora, les traeremos a ustedes todas las disputas, y ello aunque los debates legislativos y las leyes naturalmente pertenecen a la Knesset, y deberían haber sido acordados entre las diferentes facciones por los votos y el gobierno de la mayoría.

Incluso si los peticionarios ante la Corte no están directamente involucrados en el tema en cuestión, el alcance de la Corte es omnipresente. La Corte Suprema, en su calidad de Tribunal Superior de Justicia, determina el carácter del Estado y la validez de las leyes. No sólo en circunstancias extremas, sino como una cuestión de rutina.

Así que si ustedes piensan que se llega a una decisión mediente el diálogo y el compromiso entre las diferentes facciones y posiciones en la Knesset, piénsenlo de nuevo. Las ramas legislativa y ejecutiva pueden hacer frente a la reacción pública y al desmembramiento de las reglas de la democracia. Pero la Corte los anulará. El resultado: Sin darnos cuenta, hemos designado un gobierno que nunca fue elegido por nadie.

2.- Es importante señalar que el mismo campo político y cultural que esencialmente deshizo el gobierno de la democracia (transfiriendo el poder de decisión del pueblo a un grupo minoritario no elegido), también nos ha dado ese monstruo que conocemos como corrección política. Aquí también, los elementos de control y supervisión son muy dominantes. Aquellos que buscan el control exclusivo no les gusta la idea del diálogo como un método para resolver disputas.

No les gusta la idea de que existe un cambio de opinión legítimo cuando los resultados de las elecciones deberían convencer verbalmente a la parte derrotada de que su camino ha sido derrotado. No. Ellos necesitan supervisar y controlar las opiniones y argumentos de las otras partes. Así implementaron una policía del lenguaje, dictando lo que se puede y no se puede decir. En una etapa más avanzada, también decidirán lo que se puede y no se puede pensar.

Por lo tanto, al instalar un mecanismo destinado a vigilar el uso del lenguaje, el discurso público se controla con afirmaciones de que ciertos grupos tienen más derechos porque son una minoría o víctimas, o cualquier otra excusa para esterilizar cualquier discusión de antemano y hacer imposible luchar por cualquier tipo de verdad compartida. Con el tiempo, el mecanismo de corrección política comenzó a funcionar con la misma capacidad que la Corte Suprema, un lugar para traer (o tal vez sacrificar?) todas las ideas y argumentos que flotan en la esfera pública.

La verdad en sí misma no pertenece exclusivamente a ningún lado. Todos agarramos nuestra parte y nos convencemos de que es toda nuestro. Pero la verdad es un concepto elusivo. Sólo se puede alcanzar a través del diálogo, y debe ser tan abierto y público como sea posible. Tenemos que participar en un debate sano y sin miedo, donde expresar un punto de vista genuino no tiene costo alguno.

El debate no gira solamente sobre las ideas extremas. Con el tiempo, el control impuesto sobre el lenguaje ha penetrado cada vez más profundamente en el discurso, infectando lo que hasta hace muy poco se consideraba como la corriente principal. Aquellos que impusieron su mecanismo de control sobre el lenguaje ahora han caído en su propia trampa: el centro político se ha debilitado y lo que alguna vez fue su franja política no está tomando su lugar. A nadie le importa la verdad. Hoy en día, ciertas ideas son el poder dominante, y el mecanismo de la corrección pública etiqueta cualquier afirmación que cuestione la veracidad de estas ideas como una opinión ilegítima y estrictamente prohibida de formular.

Esto no pasa solamente con un diputado ultra-ortodoxo que se ve obligado a pagar un alto precio personal por atreverse a decirle al mundo que asistió a la boda gay de su sobrino homosexual, prefiriendo a la familia que a la corrección política de su partido religioso. El otro lado de la moneda es igualmente imposible porque este control del pensamiento y del lenguaje es igual de predominante en la llamada parte liberal y progresista de la sociedad. En mi opinión, entre los liberales y progresistas, el control es aún más estricto y rígido, impidiendo ser desafiado.

3.- No se trata solamente de los tribunales, la Corte y la esfera pública, sino también las universidades (la academia) israelíes las que también están bajo el control de un grupo minoritario. Grandes partes de esa academia han abandonado su búsqueda de la verdad en favor de una búsqueda de la justicia social y el cambio. Inherentemente, la búsqueda de la verdad usando métodos científicos está destinada a librarnos de nuestras inclinaciones hacia una u otra opinión porque "nos conviene". Cuando la búsqueda se hace para cambiar el mundo en el sentido de la justicia social, impone esencialmente una idea que fue definida por un cierto grupo en la búsqueda de su verdad (en un punto histórico, cuando ese grupo estaba en el poder de una manera exclusiva y era capaz de dictar qué valores eran correctos y cuáles no).

Con la ausencia de la verdad como pieza central de cualquier trabajo científico, el aspecto científico se debilita y en su lugar se insinúa una agenda, una que controla la curiosidad científica con un marco de ciertos valores. El marco de valores asegura que los investigadores apenas se aparten de unos dogmas adoptados por la llamada comunidad liberal y progresista. Y no se trata sólo de los tribunales y de la esfera pública. También es cuestión de la academia, en otros momentos un bastión de la libertad, la cual ha sucumbido en gran parte a esta ortodoxia política que parece saber lo que es bueno para nosotros, incluso antes de preguntar. Cualquiera que acaricie el pensamiento libre debe luchar contra esta tiranía.

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La incómoda verdad sobre los judíos de las tierras árabes: ellos fueron expulsados - Adi Schwartz - Forward



Nathan Weinstock no había planeado escribir un libro sobre los judíos de las tierras árabes. Pero cuando buscó información sobre la historia moderna de los judíos marroquíes o iraquíes, se sorprendió al descubrir que no había ningún libro en francés que contara la historia de la eliminación de las comunidades judías en el Oriente Medio y África del Norte a mediados del siglo XX.

"Al final", nos dice, "decidí escribirlo yo mismo".

Uno de los descubrimientos sorprendentes que realizó giraba alrededor del poderoso vínculo con sus raíces de muchos de los aproximadamente 1 millón de judíos del África del Norte y Oriente Medio que dejaron sus hogares en la década posterior a la creación de Israel.

"La historia que yo conocía", nos dice Weinstock en una entrevista mediante Skype desde su casa de Niza, en el sur de Francia, "era que los judíos estaban contentos de dejar los países árabes en el momento en que se les dio la oportunidad de hacerlo. No se nos dijo nada sobre la profunda conexión de esos judíos con la cultura árabe, por ejemplo. Sólo después aprendí que los escritores judíos representaban la base de la literatura iraquí. Y en Egipto, a mediados del siglo XIX, el hombre que inventó el eslogan nacionalista "Egipto para los egipcios", y que se conocía como "el Molière egipcio", era un judío llamado Jacob Sanua.

"En el curso de mi investigación", continúa, "descubrí que la historia que se nos había contado - que los judíos dejaron los países árabes porque eran sionistas - era en su mayor parte errónea. Es cierto que tenían una afinidad por la Tierra de Israel - lo que es ciertamente correcto -, pero el movimiento sionista organizado era muy débil en los países árabes. La gran masa de judíos huyó o salió bajo coacción. Fueron expulsados. Fueron sometidos a una presión tan enorme que no tuvieron más remedio que irse".

Weinstock, un historiador autodidacta, ahora en sus 70 años, que previamente había publicado estudios sobre el movimiento Bund en Europa Oriental y la literatura yiddish, decidió asumir la tarea de registrar la expulsión de los judíos de los países árabes. El resultado es un libro que fue publicado en Francia en 2008 con el título de "Une si longue présence: Comment le monde arabe à perdu ses juifs, 1947-1967" (Una presencia tan extensa: cómo el mundo árabe perdió a sus judíos, 1947-1967 ). Y ahora ha aparecido en hebreo (Babel Books, traducido por Hagit Bat-Ada).

Este es un libro muy completo, detallado, interesante y persuasivo, con más de 900 notas a pie de página, y es uno de los primeros en tratar en este contexto a la minoría judía en la Palestina otomana. Weinstock se ha apoyado principalmente en fuentes secundarias, pero también ha utilizado algunas fuentes primarias en francés de los archivos de la Alliance Israelite Universelle en París, por ejemplo.

Lo que hace que la decisión de Weinstock de escribir sobre la expulsión de los judíos del mundo árabe sea especialmente sorprendente es su propia biografía política: Weinstock fue una de las figuras principales de la izquierda antisionista en Francia durante los años sesenta y setenta. De ver a Israel y al sionismo como un proyecto colonial destinado a desposeer a los palestinos, Weinstock sufrió una dramática convulsión conceptual que le llevó a abordar un aspecto doloroso y rara vez discutido del conflicto árabe-israelí.

"Este libro es la historia de una tragedia", escribe en una introducción especial a la edición hebrea, "es la historia del desarraigo de cientos de miles de judíos mizrahi, los cuales fueron desgarrados cruelmente de sus hogares y patrias. Comunidades enteras de judíos, que siempre habían residido en el corazón del mundo árabe-musulmán, sufrieron expulsiones, persecuciones y liquidaciones maliciosas... Sin embargo, este drama sigue siendo desconocido y ha sido negado durante mucho tiempo".

Weinstock, que nació en Amberes en 1939, defendió los puntos de vista antisionistas y pro-palestinos incluso antes de la Guerra de los Seis Días de 1967. Como tal, fue invitado tres semanas antes del inicio de la guerra a hablar ante el sindicato de estudiantes palestinos en París. El corresponsal de París del diario israelí Maariv, Uri Dan, informó sobre el acontecimiento en ese momento: "Lo más deprimente de todo fue la aparición de Nathan Weinstock, un judío, quien tuvo un lugar de honor en el escenario y pronunció el discurso principal... Weinstock fue aún más extremista que los árabes en los abusos que lanzó contra Israel".

En retrospectiva, nos explica Weinstock, ese acontecimiento le mostró el grado en que, por aquel entonces, desempeñó el papel de "idiota útil". "Me emocioné cuando me levanté para hablar ante los estudiantes palestinos", me dijo. "Muy ingenuamente, estaba convencido de que los estudiantes palestinos estarían contentos de escuchar mi mensaje pacifista. Así que me sorprendí cuando ninguno de ellos demostró el menor interés en lo que dije. En lugar de eso, escucharon con entusiasmo a Radio El Cairo, deleitándose en cada palabra y tragando los jactanciosos anuncios de que los ejércitos árabes pronto lanzarían a todos los judíos al mar".

En 1969, Weinstock publicó "Sionismo: el Falso Mesías", un folleto antisionista que rápidamente se convirtió en la biblia de la propaganda anti-israelí en Francia. Poco a poco, sin embargo, se dio cuenta de "la naturaleza antisemita del ciego asalto contra Israel". Primero, "los sionistas" son condenados, después está la "toma de poder sionista de los medios de comunicación", y finalmente "la dominación sionista del mundo". "Cuando era citado, mi crítica de los palestinos, por menor que fuera, siempre era omitida. Al final, entendí que había sido utilizado. Mis oyentes no se interesaban por mí. Para ellos, yo era una coartada judía para su postura antijudía".

La gota que colmó el vaso para Weinstock fue el fracaso de la cumbre de Camp David en 2000. "Una vez más, el liderazgo palestino evitó asumir la responsabilidad", nos dice. "El liderazgo palestino fue cobarde, declinando decirle a su nación que uno tiene que saber cuándo concluir la lucha porque el objetivo central se ha logrado".

¿Cómo explicas tu reversión radical de posición, desde el joven gurú antisionista de la izquierda radical a un partidario de Israel hoy en día?

"En la década de 1960 estaba bajo una fuerte influencia trotskista, y tomé un enfoque doctrinario de estas y otras cuestiones, no basadas en un intento genuino de analizarlas, sino ajustarlas a posiciones simplistas y preestablecidas. La izquierda radical no ha reconsiderado ese período, y en muchos sentidos suena exactamente igual en la actualidad. Cuando uno mira quién apoya a los palestinos en Europa - y está claro que los palestinos sí tienen derechos que necesitan ser tratados - uno ve que no les importa nada más: no los armenios, no la cuestión chipriota-griega, no lo que está sucediendo en el Sáhara Occidental. Sólo una cosa les interesa, y no puedo aceptar eso".

"También tenemos que recordar - continúa - que Israel tomó una postura de auto-justificación en ese período, y fue muy difícil expresar críticas sobre su comportamiento. Mientras tanto, surgió en Israel una generación de 'nuevos historiadores', como Benny Morris, que tomó una visión realista de la historia. Como en todos los países, hay áreas oscuras en Israel que necesitan ser examinadas. Pero ¿ha existido algún país en la historia sin rincones oscuros que se mantuvieron ocultos? Este proceso está en curso en el Israel actual, pero ¿dónde están los 'nuevos historiadores' palestinos? Para salir de la maraña, los palestinos deben mostrar coraje y elegir el camino de la coexistencia con los israelíes. Esta es una tarea que sólo ellos pueden realizar por sí mismos".

En 1945, según Weinstock, casi un millón de judíos vivían en el mundo árabe, mientras que en la actualidad solamente viven unos 4.500, la gran mayoría de ellos en Marruecos. Según Weinstock, no hay precedentes para una finalización tan dramática de las comunidades judías en cualquier parte del mundo, incluso durante el Holocausto.

¿Qué provocó entonces la salida masiva de los judíos de los países árabes? No fue el sionismo el que desconectó a los judíos de su entorno. Al contrario, en la mayoría de los casos el movimiento sionista tuvo dificultades para reunir partidarios. Los judíos también intentaron formar parte de los movimientos de liberación nacional árabe. Por ejemplo, el principal rabino de Egipto durante la mitad del siglo XX, Chaim Nahum, a menudo habló en contra del sionismo. En Irak, los comunistas judíos fundaron la Liga Antisionista.

Weinstock cita un gran número de ataques y pogromos contra las comunidades judías que rara vez se mencionan en los planes de estudios de historia en Israel. En 1912, 12 judíos fueron asesinados en Shiraz, Irán, y 51 fueron asesinados ese año en Fez, Marruecos. En 1934 murieron 25 judíos en la ciudad argelina de Constantina.

En Irak, 150 judíos fueron asesinados en el Farhud de 1941, un pogromo de tres días. Siete años después, con el establecimiento de Israel, Irak declaró la ley marcial y lanzó una ola de persecuciones antijudías. Muchos judíos fueron arrestados, juzgados y condenados, algunos fueron sentenciados a muerte, otros fueron condenados a prisión o multados con grandes multas. En esta etapa, a los judíos se les prohibió salir del país, pero en marzo de 1950 Irak permitió a los judíos emigrar, siempre que renunciaran a su ciudadanía y a sus bienes.

"El continuo deterioro de la situación de los judíos y la atmósfera de odio que los rodeaba llevaron a una huida masiva del país", escribe Weinstock.

La mayoría de la población judía (el 90% de una comunidad de unos 150.000) abandonó ese año, en medio de un saqueo masivo de sus propiedades por parte de las autoridades árabes.

En Egipto, estallaron disturbios antijudíos en noviembre de 1945, en el aniversario de la Declaración Balfour, pero la declaración del Estado de Israel tres años después desencadenó una seria persecución. Cientos de judíos fueron arrestados, acusados ​​de participar en complot sionistas o comunistas, y se les confiscaron sus propiedades. Los ataques continuos contra los judíos comenzaron en junio. Las bombas fueron plantadas en el barrio judío de El Cairo, el cuál fue incendiado, al igual que la sección judía de Alejandría. La mitad de la comunidad judía del país huyó en esos momentos, mientras el resto fue expulsada durante la guerra del Sinaí de 1956. A los judíos que fueron expulsados ​​no se les permitió llevar o vender sus propiedades.

"La policía llegó y sacó de sus camas a tenderos, carpinteros, carpinteros y vidrieros, pero también a abogados muy conocidos", escribe Weinstock.

¿Hay algo en común entre las diferentes comunidades?

"Sí, los términos del estatus legal y social que los judíos compartían bajo el dominio islámico. Poseían el estatus de dhimmi, que significa 'persona protegida'. Se ofrecía a los judíos la protección de las autoridades, pero al mismo tiempo se les colocaba en una posición inferior, humillante y despreciada. A los judíos no se les permitía portar armas en estos países, allí donde llevar un arma era considerado un signo sobresaliente de virilidad. En algunos casos, como en Marruecos de principios del siglo XIX, los judíos fueron obligados a andar descalzos o a usar ropa humillante".

"A cambio de la protección del gobierno, los judíos tenían que pagar un impuesto especial. Nada mejor describe el desprecio que implica el estatus de dhimmitud", escribe Weinstock, "que el ritual de humillación que acompañaba el pago anual del impuesto de subyugación en Marruecos, tan reciente como el final del siglo XIX. Cada año, en una fecha fija, el jefe de cada comunidad judía tenía que entregar el dinero al representante del sultán, quien por su parte tenía que darle una bofetada [al judío] o golpearlo con un palo para remarcar la desigualdad entre dador y receptor, por naturaleza de su nacimiento".

En Yemen, la "Ordenanza de las Letrinas", introducida con el mismo espíritu, obligaba periódicamente a la comunidad judía a limpiar los pozos negros y a limpiar las canales de animales que bloqueaban los caminos públicos. (La ley permaneció en vigor hasta 1950.)

Weinstock describe un estado de cosas muy diferente del mito sobre las relaciones armoniosas entre judíos y árabes bajo el dominio islámico. Menos de 100 años después de que el sultán otomano invitara a los exiliados de España a establecerse por todo su imperio, por ejemplo, uno de sus descendientes, Murat III, ordenó "la liquidación de todos los judíos". El médico judío del sultán convenció a su madre para interceder, y la orden fue rescindida.

A lo largo de los años, se promulgaron numerosas leyes que discriminaban a los judíos, desde la prohibición de montar a caballo hasta la necesidad de usar una ropa particular, desde la prohibición de dar testimonio ante un tribunal a la prohibición de construir edificios con una cierta altura.

Al mismo tiempo, señala Weinstock, las leyes no se aplicaban de manera idéntica en todos los lugares y en todos los períodos. Por ejemplo, un estudio de los documentos de la Geniza de El Cairo, que se remontan al siglo IX, muestra que la normativa sobre el vestido no se observó en absoluto.

"Hubo períodos en los que los judíos lograron vivir bien en el mundo musulmán", dice Weinstock. "A veces formaban parte de la élite. Los reglamentos del dhimmi y la escala de humillación también diferían de un lugar a otro y de un período a otro. Pero el eje central que dictó la actitud hacia los judíos fue su condición de dhimmis, lo que significó subyugarlos al grupo musulmán gobernante".

Weinstock cita a un sultán marroquí diciendo a mediados del siglo XIX: "Nuestra gloriosa religión les concede sólo marcas de oprobio e inferioridad".

El estatus de dhimmi como raíz del conflicto

Weinstock también examina la situación en Tierra Santa a través del prisma dhimmi. La minoría judía que vivió bajo el dominio otomano experimentó humillación y subordinación. Los motines antijudíos fueron fomentados una y otra vez durante los siglos XVIII y XIX. Cita al cónsul británico en Palestina escribiendo en 1831 que "la extorsión y los actos de represión contra los judíos eran tan numerosos que se decía que los judíos tienen que pagar incluso por el aire que respiran".

En el crepúsculo de la dominación otomana, hace un siglo, se fundó la primera "ciudad hebrea" (la actual Tel Aviv), se empezó a notar un renacimiento de la lengua hebrea y se establecieron colonias cooperativas judías. La población árabe local, comenta Weinstock, "sentía que la tierra se estaba siendo derrumbando debajo de ella, ya que los judíos dhimmi, esos que se suponía tenían un estatus inferior, ahora estaban luchando por tener más, incluso por su independencia".

Según Weinstock, subyacente a la creciente hostilidad hacia la población judía en Palestina fue la comprensión de que "los judíos dhimmi se estaban sacudiendo su tradicional estatus legal de humillación y sumisión". En retrospectiva, el escritor mantiene que el estatus de dhimmi, por un lado, y el intento declarado del movimiento sionista de liberarse de él, por el otro, llevó finalmente al rechazo de los árabes al plan de partición de las Naciones Unidas en 1947 y a la Guerra de la Independencia al año siguiente.

Los palestinos locales y el mundo árabe se negaron a conceder a los judíos del país un estatus diferente del de dhimmi, y fueron aún menos propensos a reconocer los derechos nacionales de los judíos. El sionismo, por su parte, no podía aceptar la soberanía árabe sobre toda Palestina, situación en la que la minoría judía se encontraría nuevamente bajo el estatus de dhimmi. "Históricamente, por lo tanto", comenta Weinstock, "el estatus de dhimmi es la raíz del conflicto".

¿Qué impacto tiene esta relación hoy en día?

"Sigue afectando a las relaciones árabe-israelíes incluso hoy, porque a los ojos de los árabes el judío que ahora vive en Israel es el mismo judío que ellos usualmente veían como un ser humillado, y piensan que ahora se está tomando su venganza. Los árabes experimentan el establecimiento y la existencia de Israel hasta el día de hoy como una venganza muy dolorosa y como una reversión de la dhimmitud. Este es un aspecto muy significativo y profundo del problema político actual, que no podemos permitirnos ignorar. Sin entender esto, es imposible entender el conflicto".

Entonces, ¿por qué no lo mencionan más los académicos y la prensa?

"Para el mundo judío, la razón es que los judíos asquenazíes, en Israel y en otros lugares, siguen siendo indiferentes e incluso desdeñosos hacia los judíos mizrahi. Para el mundo árabe esto no debe sorprendernos, ya que la autocrítica no es popular entre los periodistas, intelectuales y líderes de la opinión pública árabes. Con la excepción de una nota incidental muy breve de Edward Said en uno de sus libros, es difícil encontrar serias referencias a la emigración masiva de judíos de los países árabes y sus causas".

"La izquierda tiende a evitar el tema, porque no lo consideran 'kosher' (afectaría a su tercermundismo y a su victimización de los árabes). La izquierda se ha vuelto extraordinariamente dogmática y carece de capacidad de autocrítica hoy en día. La gente se define como identificándose con la 'causa palestina', y eso es todo: no hay pensamiento detrás de ello. Este tema podría alterar su cosmovisión unilateral, por lo que simplemente lo evitan".

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Hace un siglo, la judía Salónica ardió. Fue reconstruida, pero solamente para ser destruida de nuevo - Devin E. Naar - JTA





Hace exactamente un siglo, el 18 de agosto de 1917, un incendio de grandes dimensiones rugió a través de la ciudad portuaria mediterránea de Salónica, en Grecia, entonces el hogar de la comunidad judía sefardí, que utilizaba el ladino, más grande y dinámico del mundo.

Según la leyenda local, el incendio estalló una tarde de sábado en medio de la Primera Guerra Mundial, cuando se descontrolaron las brasas de un refugiado de guerra que estaba asando berenjenas . Un violento golpe de viento catapultó las llamas a una gran deflagración que dejó dos tercios de la ciudad en cenizas y a 70.000 habitantes sin hogar, de los cuales 52.000 eran judíos. Treinta y dos sinagogas, 10 bibliotecas rabínicas, ocho escuelas judías, los archivos comunales y numerosas obras filantrópicas, negocios y clubes judíos fueron destruidos.

Un maestro local lamentó el destino de su ciudad: "De la brillantez y grandeza de esta famosa comunidad judía, sólo quedaban montañas de cenizas. Todo estaba perdido, todo desapareció". Un periodista se lamentaba aún más: "Lo más importante que destruyó el fuego fue el judaismo de Salónica. Es una historia terrible".

Sin embargo, esta devastación palidecía en comparación con lo que ocurriría exactamente 26 años después con los judíos de Salónica. En la primavera y el verano de 1943, las fuerzas de ocupación nazi deportaron a casi 50.000 judíos de Salónica a Auschwitz, afectando a un 96% de su población. El último de los 18 transportes de deportación llegó a Auschwitz precisamente el 18 de agosto de 1943.

Si el incendio de 1917 fue el principio del fin, las deportaciones a Auschwitz significaron el final, o al menos así se puede contar la historia.

Pero la realidad no fue sencilla. Sorprendentemente, después del incendio, los judíos de Salónica perseveraron y reconstruyeron sus instituciones - a pesar de la resistencia del gobierno griego - hasta tal punto que los nazis encontraron una sólida presencia comunal judía al ocupar la ciudad.

Discusiones recientes han puesto de relieve el papel de la gentrificación en la transformación dramática de la demografía y el paisaje urbano, especialmente a raíz de las catástrofes, como es el caso reciente de Nueva Orleans. Un artículo reciente de la New Republic  explica que la gentrificación no es sólo sobre esas personas con ingresos que se trasladan a un vecindario y desplazan a los que allí vivían antes, sino más bien "el lucro y el poder, el racismo y la violencia a gran escala". Similares dinámicas se dieron en Salónica.

Salónica había sufrido una serie de incendios en su historia, pero durante los cuatro siglos bajo el dominio relativamente benigno del Imperio Otomano, a los residentes de la ciudad se les permitió reconstruir sin mucha interferencia del Estado. No fue así después del Gran Fuego de 1917. El gobierno griego, que había anexionado recientemente Salónica durante las Guerras Balcánicas (1912-13), vio en el fuego una oportunidad para transformar de una vez por todas la Salónica judía y otomana en la Tesalónica griega.

Con este objetivo nacionalista en mente, el gobierno expropió el terreno incendiado y evitó que los residentes reconstruyeran sus tierras. En cambio, con el pretexto de promover los intereses del Estado y un moderno plan urbano europeo que transformaría el centro de la ciudad en un espacio griego de clase media y alta, el gobierno subastó la propiedad arrasada: los que podían pagarla, vivieron en la zona y se convirtieron en los nuevos ocupantes del centro de la ciudad. El Banco Nacional de Grecia pujó más alto que la comunidad judía por el edificio en que se levantaba la Talmud Torá, la principal escuela comunal judía. Asimismo, el actual hotel de lujo Electra Palace, que se encuentra en el corazón de la ciudad, se ubica donde otra escuela judía, la Alliance Israélite Universelle, una vez se levantó.

El primer ministro, Eleftherios Venizelos, animó a los urbanistas británicos y franceses a ver la ciudad como una "pizarra en blanco" e ignorar la huella de siglos dejada por los judíos y los musulmanes. Uno de los urbanistas describió a Venizelos como "particularmente entusiasta con una nueva Salónica, casi hasta el punto de considerar al fuego como providencial" y admitiendo que "el propósito fundamental del plan era privar a los judíos del control total de la ciudad". Pero el planificador también señaló, como para ofrecer cierto consuelo: "No hubo un deseo de expulsar por completo a los judíos".

Los líderes judíos locales solicitaron a las organizaciones judías en el extranjero y a las grandes potencias que intervinieran ante el gobierno griego, pero tuvieron poco éxito. Incluso el New York Times señaló en 1919 que el gobierno griego nunca ofreció una "explicación satisfactoria" sobre la causa del incendio - la historia de la berenjena quemada no era muy convincente - y que "las sospechas naturales de los habitantes se acentuaron con los gritos de alegría "procedentes de los principales diarios de Atenas celebrando la desaparición del antiguo gueto de Macedonia".

La comunidad judía comenzó a reconstruirse en las afueras de la ciudad, incluyendo nuevos barrios establecidos en cuarteles militares aliados para albergar a las víctimas judías más pobres. Otros optaron por emigrar. Un líder judío de Salónica explicó que no fue tanto el fuego mismo, tan devastador como fue, sino el impacto "profundamente desmoralizador" del plan para una ciudad "nueva y moderna" lo que impulsó a muchos judíos a huir. Un satirista ladino bromeó: "¿Acaso significa 'modernismo'... 'antisemitismo'?".

Pero un sentimiento de optimismo coexistió con la sensación de desesperación. El incendio provocó la creación de un importante diario en ladino, El Puevlo, que aspiraba a "devolver a nuestra gran comunidad a su anterior estado floreciente" y "asegurar el futuro del pueblo judío". Lamentado la destrucción ocasionada por el fuego, también expresó su esperanza, diciendo "Poco a poco ... nuestra gran comunidad, tan cruelmente afligida hoy, renacerá de las cenizas más brillante que nunca".

Notablemente, el período después del incendio de 1917 fue testigo de la más vibrante productividad cultural judía en la historia de la ciudad, con más periódicos, revistas y libros judíos publicados en ladino (y en francés, griego y hebreo) que nunca. Puesto que tanta literatura había sido destruida - tanto religiosa como secular - había una necesidad desesperada de nuevas publicaciones. La edición Ladino-Hebrea resultante de los salmos incluso terminó en bibliotecas sefardíes tan lejanas como en la de Seattle, Washington.

A pesar de las crecientes tensiones entre los judíos de Salónica y el Estado griego, y las crecientes demandas de que los judíos - como el paisaje urbano - se volvieran más "griegos", la comunidad judía logró construir varias docenas de sinagogas y un nuevo sistema escolar. Reinició el hospital judío y el dispensario médico, y estableció nuevas instituciones, incluyendo una clínica de tuberculosis, un orfanato de niñas y una maternidad. Hacia 1938, se hablaba de que las oficinas comunales judías serían trasladadas al centro de la ciudad, pero el estallido de la guerra impidió el traslado.

Si bien la comunidad judía de Salónica se recuperó del incendio de 1917, la destrucción causada por la ocupación alemana resultó insuperable. Más allá de la desposesión, deportación y asesinato de casi todos los judíos de Salónica por parte de los nazis, todo el carácter de la ciudad se transformó irrevocablemente. Varias docenas de sinagogas, con la excepción de una o dos, fueron destruidas por los nazis y sus colaboradores. Los rastros visibles de la presencia judía habían desaparecido.

El vasto cementerio judío de Salónica, el más grande de Europa, que databa de 1492 y tenía más de 300.000 tumbas sobre un terreno del tamaño de 80 campos de fútbol, ​​también se convirtió en presa de las ostensibles demandas de la planificación urbana moderna. Debido al incendio de 1917 y la posterior expansión de la ciudad (agravada por la llegada de 100.000 refugiados cristianos ortodoxos procedentes de Turquía tras un intercambio forzado de población), el cementerio judío se convirtió en el nuevo centro geográfico de lo que se suponía sería la Salónica griega. Durante 20 años, la comunidad judía logró evitar los esfuerzos realizados en nombre del "progreso" urbano para expropiar el cementerio.

Pero la defensa fracasó una vez que la ciudad estuvo bajo ocupación nazi. Las autoridades griegas usaron la ocupación como pretexto para demoler el cementerio judío. Utilizaron lápidas de mármol para erigir gran parte de la ciudad moderna reconstruida - como restaurar las iglesias dañadas en el incendio de 1917 y construir pasarelas y plazas "modernas" en la ciudad - y para construir el campus de la universidad más grande de los Balcanes que ahora se erige sobre el cementerio judío.

Las reliquias de los muertos judíos se convirtieron en bloques de la renovación urbana - un proceso sistemático y violento iniciado hace un siglo, ya a raíz del incendio de 1917, pero que se intensificó durante la ocupación alemana y continuó a su paso -. El resultado se puede ver hoy en día. Un paseo por Salónica revela muchos edificios modernos y un gran campus universitario en una ciudad que aún sufre la crisis financiera. Pero pocos notarán que muchos de esos edificios modernos fueron construidos sobre una tierra habitada por judíos y que expropiada primero en 1917, y de nuevo en 1943.

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El enigma de las Memorias de Carvajal el Mozo - Alicia Gojman de Backal - Letras Libres







El siglo XVI trajo a América a un gran número de inmigrantes españoles. Venían en busca de mejoras económicas y para obtener grandes lotes de tierra que les darían el título de “señores” o “hidalgos”, que no tenían en España.

No todos eran españoles de “pura cepa” de cuatro generaciones atrás; había personas que no eran limpias de sangre, es decir, que eran conversos de judíos. Sus antepasados habían vivido en la península ibérica durante quince siglos y en 1492 habían sido expulsados por los Reyes Católicos. Entre este grupo se encontraban muchos portugueses que no se convirtieron y que salieron hacia Portugal, donde en 1497 fueron convertidos por la fuerza.

Cuando España unió a sus posesiones el reino de Portugal en el año de 1580, muchos de esos ciudadanos volvieron a España, con el firme deseo de viajar en alguna de las expediciones de conquista, sobre todo para escapar del Tribunal de la Inquisición que los perseguía por ser herejes y malos cristianos.

Uno de esos conquistadores de los territorios de la Nueva España fue Luis de Carvajal y de la Cueva, apodado el Viejo. Nació en Mogadouro en la provincia de Trás-os-Montes en Portugal. A la edad de ocho años, sus padres tuvieron que convertirse por la fuerza al cristianismo. Él creció como cristiano y así fue educado.

En su juventud vivió en Cabo Verde durante varios años y participó del comercio de esclavos hacia el Nuevo Mundo. Sus viajes lo convirtieron en un experto capitán de navíos al grado de participar posteriormente en la conquista de la Nueva España. Fue el conquistador del noroeste de México y apaciguador de los chichimecas. Por ello, el rey Felipe II le otorgó una capitulación en la cual lo nombraba gobernador del Nuevo Reino de León.

El nombramiento lo obligaba a poblar esas tierras con colonos españoles, que tuvieran diversos oficios para poder iniciar una vida en la Colonia. A pesar de que seguía siendo un buen cristiano, en 1564 se casó con doña Guiomar de Ribera, en Sevilla. Esta era una mujer que seguía practicando el judaísmo, al igual que toda su familia.

Al informar al rey Felipe II de sus hazañas en el Nuevo Mundo, sobre todo en lo referente a cómo había logrado someter a los rebeldes chichimecas, Carvajal fue designado gobernador durante dos vidas y podía heredar su nombramiento a un familiar. Esta era una enorme demarcación al noroeste de México que tenía doscientas por doscientas leguas y abarcaba casi una tercera parte del territorio.

En la capitulación se decía que podía traer cien pobladores sin que la Casa de Contratación de Sevilla les exigiera su limpieza de sangre. En la lista de los que se unieron a su expedición estaban los miembros de toda su familia, empezando por su hermana doña Francisca Núñez de Carvajal, el marido de esta, Francisco Rodríguez de Matos, y sus nueve hijos.

Luis era el tercero de los hombres; Gaspar, el mayor de ellos, era fraile dominico. Esa costumbre la habían adoptado todas las familias de conversos para no ser descubiertos como falsos cristianos. Luis tenía entonces catorce años de edad.

Había nacido en la villa de Benavente, en España, donde permaneció hasta los once años. La familia se mudó entonces a Medina del Campo, en donde Luis estudió retórica y latín con los jesuitas. Fue ahí donde su padre le empezó a enseñar el judaísmo. Rodríguez de Matos era un ferviente judío que celebraba todos los ritos y ceremonias judaicas con sus hijas mayores y su esposa.

Cuando aceptaron viajar con Carvajal el Viejo ya habían pensado en irse a Italia o a Francia donde podrían vivir libremente como judíos, pero el viaje a un nuevo mundo y con grandes posibilidades económicas, donde además estuvieran alejados del Tribunal de la Inquisición, los convenció de hacerlo.

Desembarcaron en Pánuco en 1580, después de un viaje difícil y en el cual Luis cayó enfermo. Gracias a los cuidados de un correligionario, el doctor Manuel de Lucena, pudo bajar sin contratiempos. Sin embargo, la adaptación no fue sencilla porque había muchos mosquitos y excesivo calor. Además había que buscar el sustento.

Luis de Carvajal el Viejo no había tenido hijos y decidió heredar a su sobrino Luis esos territorios en su testamento. Ya era la cuarta generación de judaizantes después de la expulsión de los judíos de España. El haberse convertido por la fuerza los moldeó como fanáticos judíos que a pesar de considerárseles herejes y enemigos del gobierno no cesaron de pensar en que la única forma de salvar su alma sería a través de la Ley de Moisés.

Esos judaizantes se adaptaron a una movilidad constante, ya que aquellos que se quedaron en España eran menos religiosos que los que se fueron a Portugal. En ambos reinos funcionaba el Tribunal de la Inquisición.

En Pánuco se inició la separación de la familia, ya que no estaban de acuerdo con las políticas del conquistador. Luis acompañó a su tío en varias expediciones en las cuales sufrió de muchas carencias y malos tratos. Le era muy difícil entender la mentalidad de los indios y más de los chichimecas. Pronto empezó a viajar a la Ciudad de México con su padre y su hermano Baltasar, dos años mayor él. En la ciudad conocieron a la comunidad que estaba en formación, ya que la unión de los dos reinos bajo la Corona española en 1580 les fue muy favorable a los portugueses que buscaron nuevas oportunidades.

El tío decidió desheredarlo. Además tuvo problemas con su sobrina Isabel, quien se dio cuenta de que guardaba el sábado y otras fiestas judías. Los problemas entre su hermana y su familia fueron minando la vida de Luis el Viejo. Además de que el virrey decidió buscar la manera de acusarlo de poseer tierras que no le pertenecían.

A los diecisiete años, Luis el Mozo perdió a su padre, que había padecido una enfermedad que lo tuvo en cama por varios meses. Francisco Rodríguez de Matos le pidió a su hijo que lo enterrara a la usanza judaica. Para ello tuvo la ayuda de varios correligionarios. Desde entonces, el joven se adentró cada vez más en el estudio de la religión judía. A los veintidós años se convirtió en el líder de la pequeña comunidad de judaizantes de la Ciudad de México. Su fervor religioso lo convirtió en blanco del Tribunal de la Inquisición.

Por pleitos de linderos de sus tierras, el virrey Álvaro Manrique de Zúñiga ordenó apresar a don Luis el Viejo y trasladarlo a la Ciudad de México, en donde le fue anulada su ejecutoria (o limpieza de sangre). En 1589, el capitán Alonso López apresó a Carvajal en Almadén y lo condujo a la cárcel de la corte. Pronto fue delatado como encubridor de herejes y fue trasladado a las cárceles secretas del Santo Oficio.

Esa aprehensión del gobernador fue el fin de su vida y el inicio de los procesos sufridos por toda la familia de Rodríguez de Matos. El factor religioso tenía una fuerza extraordinaria y en ese siglo XVI aquellos hombres eran capaces de morir o matar por su fe. La intolerancia proponía la homogeneidad y unidad de los reinos, valor muy estimado en momentos de un creciente absolutismo. Los términos de “hereje” o “dogmatista”, utilizados entonces, representan la firme convicción de poseer la verdad y la negación del otro.

Isabel, la hija mayor de Francisca Núñez de Carvajal, fue apresada por las declaraciones de su tío. Se le consideró una hereje que practicaba la religión judía en secreto. Poco después fueron también encarcelados Luis, su madre y sus hermanas mayores. Dejaron en el desamparo a los tres pequeños: Miguel, Mariana y Ana. Baltasar había logrado huir y esconderse después de haber intentado una fuga por Veracruz.

Luis siguió en su encierro con la idea de que la familia formaba parte de los mártires que ayudarían a la llegada del Mesías. En su primer proceso que duró un año, confesó su judaísmo y pidió perdón por haber creído en la Ley de Moisés; esto aunado a su juventud quizá hizo que su sentencia fuera absolutoria. El 24 de febrero de 1590 se celebró el sexto Auto de Fe en México, dentro de la Catedral. En él salieron Luis el Mozo, su madre y hermanas, así como su tío Luis de Carvajal el Viejo, que fue condenado a seis años de destierro (murió en 1591, antes de poder cumplirlo).

Luis fue recluido en el Hospital de Convalecientes, usando el sambenito. A su madre y hermanas se les condenó a vivir en reclusión en una casa en Santiago de Tlatelolco. Estas debían ser vigiladas por un fraile. En la biblioteca del hospital, Luis pudo proveerse de libros prohibidos y estudiar la Biblia y el Antiguo Testamento a sus anchas. Su religiosidad exacerbada lo convirtió en un decidido defensor de la religión judía.

En la cárcel inquisitorial se cambió el nombre a Josef Lumbroso y continuó así su vida, sus prácticas y ceremonias. Del Hospital de Convalecientes lo mandaron al Colegio de Tlatelolco para que enseñara a leer y escribir a los indios, hijos de caciques nobles. Ahí el padre Oroz le confió la llave de su celda en donde había una biblioteca. En ella, Luis encontró respuestas a muchas de sus preguntas sobre “la verdadera ley”.

Fue en esos años de cierta libertad que se enteró que sus hermanos Baltasar y Miguel habían huido a España y de ahí a Italia, donde vivían abiertamente como judíos. Frustrado por no haber podido escapar de la Nueva España, se entregó por completo a escribir su autobiografía a la cual llamó Memorias.

En ella presenta la historia de su vida desde su salida de España hasta el final de su primer proceso. Era un maravilloso calígrafo que sabía de memoria todos los salmos y oraciones del judaísmo. Las escribió antes de que fuera liberado de su sentencia (esta ocurrió en octubre de 1594, gracias a una solicitud de su hermano a la Suprema Inquisición y al pago de 325 ducados).

Pocos meses le duró su libertad ya que en febrero de 1595 fue arrestado, por segunda vez. El motivo: haber continuado él y su familia con su antigua religión. Luis estaba consciente de lo que iba a suceder por haber vuelto a sus ceremonias: la muerte en la hoguera.

Sus Memorias – que escribe ya como Josef Lumbroso – son una pieza literaria e histórica a la vez, porque en ellas relata toda su vida, la de su familia, los acontecimientos ocurridos desde su salida de España y su llegada a Pánuco, la muerte de su padre, sus andanzas por el territorio, las ventas que hacía junto a su padre y hermano. El manuscrito también contiene las oraciones que recitaba con sus correligionarios y los salmos que sabía de memoria, así como el decálogo que le inspiró la obra del gran sabio Maimónides. Su intención era enviarlas a sus hermanos en Pisa, para que la comunidad judía de Italia estuviera enterada de la difícil vida que se tenía en la Nueva España y la enorme ayuda que Dios le dio para salvarse del Tribunal.

Estas memorias relatan la vida de los primeros judaizantes en tierras mexicanas. Su vivir cotidiano, sus relaciones y los problemas que pasaron frente a un gobierno hostil hacia los judíos. Este pequeño librito era su principal tesoro, lo guardaba celosamente entre sus ropas y a veces lo escondía en su casa en Tlatelolco.

Cuando en 1595 entró de nuevo a las cárceles, lo primero que hicieron los inquisidores fue catearlo para ver qué llevaba entre sus ropas. Le encontraron tres pequeños libros: Psalmorum, Prophetes y Genesis. Había dejado las Memorias escondidas en un tejado de su casa.

Su proceso fue largo, y bajo tormento acusó a más de ciento veinte personas que eran también judaizantes. Arrepentido, trató de suicidarse sin éxito. Fue acusado de herejía, apostasía, pertinencia y relapsia, de haber sido dogmatista, maestro y enseñador de la herejía. A lo largo de su proceso escribió cartas de consuelo a su madre y hermanas, y al conocer el veredicto de muerte en la hoguera pidió pluma y papel para escribir su testamento.

Toda esa literatura e historia escritas por él fueron adheridas por el escribano a su segundo proceso: sus Memorias, sus cartas y su testamento, así como los libros religiosos que escribió.

Estos procesos fueron descubiertos por el general Vicente Riva Palacio, que los aprovechó para escribir El libro rojo y otros títulos. Después los entregó al Archivo General de la Nación (AGN), donde llamaron la atención del historiador Alfonso Toro, que tuvo en sus manos, además de los procesos, las Memorias. Él las paleografió y posteriormente aparecieron en su obra La familia Carvajal y en la publicación que en 1935 hizo el agn de los dos procesos de Luis de Carvajal el Mozo.

El enigma de las Memorias

Las Memorias escritas por Luis de Carvajal fueron robadas del agn en 1932. También fueron sustraídas sus cartas y sus pequeños libros de rezos.

A lo largo de 1929, Alfonso Toro había tenido acceso a las Memorias, porque estaba paleografiándolas y gracias a su trabajo se pudo conocer la vida del Mozo y su familia. En ellas quedaba manifiestas su gran erudición y magnífica escritura.

El responsable de robar las Memorias fue el periodista Jacob Nachbin. Nacido en Alemania, de origen judío, había emigrado a Brasil en 1920. Ahí participó en la conformación de la comunidad judía de Río de Janeiro y sus instituciones. Se relacionó además con la academia y la universidad, leyendo y estudiando la vida de los criptojudíos. Hablaba yidish y escribía para periódicos de Nueva York y Brasil. Sus temas se referían a los conversos o a la vida de los judíos de Europa Oriental que llegaron al país debido a las persecuciones.

En 1929, gracias a su correspondencia y lecturas, se enteró de que en Portugal un gran número de criptojudíos seguía viviendo en la clandestinidad y que el gobierno les ofrecía practicar su religión de forma abierta y sin temor. Esa fue la razón de su viaje ese año a Portugal, donde encontró a muchos de ellos y también a una buena cantidad de periodistas interesados en el tema. Estuvo varios meses en diferentes lugares y escribió sobre los judíos de Oporto y otras regiones.

Fue maestro en varias universidades de Estados Unidos, sobre todo en Nuevo México y Nueva York. Visitó México para dar unas conferencias en la Universidad Nacional. Llegó en julio de 1932 acompañado por su esposa, la filósofa Elizabeth Lurie, la cual deseaba también hacer estudios sobre la comunidad judía en el país.

De acuerdo con Alfonso Toro, Nachbin venía recomendado por el secretario particular del ministro de Educación, el doctor Puig. Lo primero que hizo fue visitar el agn y solicitar ver los procesos de la familia Carvajal, sobre todo los dos procesos de Luis de Carvajal el Mozo.

Al devolver los volúmenes varios archivistas notaron que al segundo proceso se le habían sustraído varios documentos que estaban cosidos a este. Se trataba de las Memorias de Luis de Carvajal, una copia del decálogo preciosamente caligrafiado y las cartas que Luis había escrito en la cárcel a su madre y hermanas. También varios libros de rezos que él había copiado.

Parece que Nachbin tuvo oportunidad de enviar cartas a Estados Unidos –a la Universidad de Las Vegas en Nevada y certificadas a Nueva York–, para que fueran entregadas a un señor Lang, que jamás se presentó a reclamarlas. Después de un tiempo fueron devueltas al correo y, desde allí, al archivo en México.

Las Memorias y los demás libritos no habían sido devueltos en los últimos 84 años. Según algunos biógrafos de Nachbin este fue acusado de robo y pasó una semana en la cárcel de Belén de la Ciudad de México. Salió libre por no habérsele probado nada y por la intervención del embajador de Brasil.

Voló a Estados Unidos y tuvo problemas con su esposa porque ella se enteró del robo debido a los periódicos. Al volver a Brasil al lado de su hijo, la esposa se enteró de que Nachbin se había vuelto a casar. El matrimonio fue anulado por bigamia. Jacob vivió en aquel país hasta 1935, año en que fue expulsado y viajó a Europa.

Nachbin permaneció en España por dos o tres años y en 1938 se fue a París. Desde entonces ya no se supo nada de él y todo indica que fue capturado por los nazis y que murió en un campo de concentración. No se tenían noticias de las Memorias ni de los libros de rezos hasta diciembre de 2015, cuando aparecieron en una casa de subastas de Londres, adonde una familia de Michigan los había llevado. Nadie se percató de su valor y de su importancia hasta que fueron de nuevo subastadas, en julio de 2016, por la casa Swann en Nueva York. Estos tesoros llamaron la atención del coleccionista de libros antiguos Leonard Milberg. Este se asesoró acerca de la autenticidad del lote. Expertos le confirmaron que se trataba de documentos auténticos que pertenecían al siglo XVI mexicano.

Milberg se comunicó de inmediato con el cónsul mexicano en Nueva York, Diego Gómez Pickering, y le manifestó su intención de regresar estos valiosos documentos a México. No se subastaron y Milberg pagó una cantidad por ello. Puso dos condiciones: que se hicieran dos copias digitales –una para Princeton y la otra para la Sinagoga Española y Portuguesa– y que las Memorias pudieran ser exhibidas durante tres meses en la Sociedad Histórica de Nueva York.

En México, el entonces secretario de cultura, Rafael Tovar y de Teresa, comisionó a un grupo que viajara a Nueva York para confirmar la autenticidad de las Memorias. Uno de ellos fue el director de la biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Baltazar Brito Guadarrama. Y será la biblioteca del INAH la que custodie y resguarde estas maravillas.

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Una muchedumbre ultra-ortodoxa celebra Rosh Hashana en Uman, Ucrania - JPost










Fotos de Reuters

Cada año, miles de judíos ultraortodoxos marcan Rosh Hashaná viajando a Uman, Ucrania, donde el fundador de la dinastía hassídica Breslov, el rabino Nachman de Breslov, está enterrado, llegando hasta unos 30.000 visitantes el año pasado.

Nachman es visto como una figura santa por sus enseñanzas espirituales y místicas, y las peregrinaciones masivas a su tumba han aumentado dramáticamente desde el final de la era comunista y la apertura de Europa del Este.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, la ciudad ucraniana fue el hogar de una gran comunidad judía. Ahora sólo queda una pequeña comunidad, pero la peregrinación anual trae una oleada de vida judía a Uman.

La llegada masiva de peregrinos al cementerio es considerada como la principal industria económica de Uman. No todo el mundo está contento, sin embargo, por la afluencia de visitantes, con algunos residentes locales quejándose del ruido, de la bebida generalizada e incluso el uso de drogas, sobre todo el trastorno que supone en sus vidas esa visita anual.

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El nacimiento de una fuerza de combate para el sionismo: la Legión Judía - Colin Shindler - TheJC


Trumpeldor y Jabotinsky

Hace cien años, en agosto de 1917, la London Gazette publicó un anuncio oficial de que se había establecido "un regimiento judío". Basado en los regimientos internacionales de las pequeñas naciones oprimidas de Europa que habían luchado en ejércitos extranjeros contra los grandes imperios durante el siglo XIX, anunciaba a las Fuerzas de Defensa de Israel en 1948. Su formación marcó el éxito de los intentos de Chaim Weizmann y Vladimir Jabotinsky de simbolizar el renacimiento de una nación judía.

La mayoría de los sionistas no deseaban tomar partido durante la Primera Guerra Mundial, ya que no estaba claro quién sería victorioso. Sin embargo, la entrada de Turquía en la guerra en noviembre de 1914 sugirió que una fuerza militar británica probablemente invadiría la Palestina controlada por los otomanos desde Egipto. Weizmann y Jabotinsky entendieron que la presencia de un ejército judío al final de la guerra sería un elemento negociador en la lucha diplomática para asegurar un estado de los judíos.

A pocas semanas de la entrada de Turquía en las hostilidades, principalmente los judíos rusos fueron expulsados ​​desde Palestina hacia Egipto ya que el zar era aliado de Gran Bretaña y Francia. Muchos fueron alojados en el campamento de Gabbari, cerca de Alejandría. Jabotinsky y Yosef Trumpeldor, un oficial judío que había servido en el ejército del zar, crearon rápidamente una fuerza policial para asegurar el orden. Muchos de este grupo heterogéneo pusieron sus firmas en un documento de marzo de 1915 que decía: "En Alejandría, se ha formado un regimiento de voluntarios judíos. Se pone a disposición del gobierno británico para participar en la liberación de Palestina".

Este enfoque tuvo la oposición de muchos en el gobierno británico, nada menos que Herbert Asquith, el primer ministro, y señor Kitchener, el ministro de la Guerra. Ni querían un regimiento judío ni deseaban lanzar una ofensiva en el este.

Aunque se permitió a los judíos formar un cuerpo de mulas, el Zion Mule Corps, que debutó en Gallipoli, las puertas en Whitehall estuvieron firmemente atornilladas ante las propuestas de Jabotinsky de una fuerza militar judía.

Hacia 1916, el paisaje político tomó un matiz diferente: la guerra no iba bien y los Estados Unidos se habían mantenido alejados del conflicto. Lord Kitchener se vio perdido cuando el HMS Hampshire fue hundido en las Orcadas por un submarino alemán en junio y David Lloyd-George reemplazó a Asquith como primer ministro en diciembre. Los británicos de repente se interesaron por una declaración escrita de reconocimiento de los intereses nacionales judíos en Palestina y en la formación de una fuerza de combate judía para ayudar a los aliados.

A comienzos de febrero de 1917, Sir Mark Sykes, un diputado conservador y diplomático se reunió con líderes sionistas e insinuó lo que ahora era posible si el "judaísmo internacional" ofrecía su apoyo incondicional al esfuerzo bélico. Weizmann se aferraba a esta delirante creencia del poder de los judíos para asegurar sus metas diplomáticas. Sin embargo, ignorándolo Weizmann y sus colegas, Sykes ya había firmado un acuerdo con los franceses para dividir el Oriente Medio después de la conclusión con éxito del conflicto.

Pero la guerra en Oriente Medio no iba según el plan. Sucesivos intentos británicos de tomar Gaza fracasaron. En un desayuno con Weizmann en abril de 1917, Lloyd-George preguntó qué uso podría hacerse del remanente del Cuerpo de Mulas de Zion. Se hizo evidente que estaba particularmente interesado en reclutar a decenas de miles de judíos rusos, congregados principalmente en el East End de Londres, en el ejército británico. Mientras que los judíos británicos estaban sirviendo a su rey y a su país, ¿por qué no sus primos rusos que vivían en la capital?

Sionistas como Sokolov, Nordau y Ahad Ha'am se habían opuesto hasta entonces a la formación de una fuerza militar judía. Además de comprometer la neutralidad del movimiento, temían las represalias turcas al estilo de las que habían sufrido los armenios: masacres y persecución.

Los sionistas británicos como Harry Sacher y Leon Simon creían que Weizmann había sido seducido por el jingoísmo de Jabotinsky. La Federación Sionista se opuso con indignación a la idea misma de un regimiento judío, al igual que Lord Rothschild, que más tarde fue el destinatario de la Declaración de Balfour.

Incluso David Ben-Gurion e Yitzhak Ben-Zvi, que habían sido expulsados ​​por los turcos, estaban preocupados por las posibles consecuencias de la existencia de un ejército judío al lado de los aliados. Ambos finalmente se unieron a la Legión Judía.

El temor de que un regimiento específicamente judío afectara a su lealtad por la corona británica afectó a muchos líderes comunitarios judíos británicos.

Un columnista de JC escribió en ese momento: "La opinión pública judía está horrorizada ante el pensamiento de que se les ha impuesto sin previa consulta, ni se ha contado con ellos ni con los líderes reconocidos de los judíos anglosajones. Consideran que es una profunda desgracia que uno o dos individuos hayan influido en las autoridades en esa dirección".

Muchos judíos rusos en Londres pensaban de manera diferente. La revolución de febrero en Rusia había derribado al zar y en esos pocos meses pre-bolcheviques se había creado una verdadera apertura. A pesar de los amargos recuerdos de los pogroms, ¿deberían los judíos rusos en el Reino Unido regresar y unirse a los ejércitos de la nueva Rusia en el frente oriental? ¿o bien alistarse en un ejército judío y luchar en Palestina?

El antisionista dirigente judío británico, Edwin Montagu, secretario de Estado para la India, se consideraba un patriota británico y se opuso vehementemente a la Declaración de Balfour. Mientras el gabinete rechazaba su intento de impedir cualquier declaración, accedió a su oposición a un batallón de judíos británicos. "Los judíos extranjeros amistosos" eran otra cuestión, y tales batallones se añadirían a los Fusileros Reales. Los propios judíos nacidos en Gran Bretaña podrían solicitar unirse o ser transferidos. El poeta Isaac Rosenberg quiso unirse, pero murió en acción antes de que pudiera hacerlo.

Un protestante irlandés, el Teniente Coronel John Patterson, el cual había comandado el Cuerpo de Mulas de Sión, fue nombrado para encabezar el 38º batallón de los Fusileros Reales. Alguien con un considerable conocimiento de la Biblia hebrea, se veía a sí mismo como un Yoav de los últimos días, la figura bíblica que había sido designada por el rey David para comandar a su ejército.

Los judíos del Reino Unido llegaron a completar casi un tercio de los cinco batallones de los Fusileros Reales, ahora conocidos como Legión Judía. Sin embargo, fue más el simbolismo de un ejército judío que los pocos y menores enfrentamientos militares en el Oriente Medio en 1918 los que impactaron a los judíos de todo el mundo.

El grupo coordinador, reunido en el Jewish College, llamó a los judíos rusos del país a decidir - entre Rusia o Palestina - fue denominado el "Comité para el Futuro Judío". Claramente un título presciente y apropiado.

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Friday, September 22, 2017

El extraño caso del Dr. Bibi y Mr. Netanyahu - Yoaz Hendel - Ynet



Lo más obvio del discurso de Netanyahu en la Asamblea General de la ONU es la brecha existente. La tremenda distancia entre ese inspirado discurso, las reuniones con los líderes mundiales, su éxito como el estadista más veterano en el mundo occidental y lo que sucede en casa.

Usted no tiene que ser un reportero en el Canal 20 para evaluar las habilidades de Netanyahu. Probablemente es el mejor orador que el Estado de Israel haya tenido. Sus mensajes reflejan lo que piensa la mayoría de los sanos israelíes que creen en este país, con sus manos llevando un tempo perfecto y con sus trucos funcionando siempre.

Usted no tiene que ser un izquierdista que pertenece al campo de "Cualquiera excepto Bibi" para ver lo qué le sucede cuando cruza el océano y llega a Eretz Israel.

Es como si tuviéramos dos primeros ministros. El primero hace todo lo que es correcto y apropiado, logrando aprovechar el apoyo sin precedentes - excepto alguno claro está - de los presidentes de los Estados Unidos y promoviendo las relaciones públicas con los estados árabes más moderados.

El segundo primer ministro se enreda con su ex superintendente, con los gastos de alimentación de la residencia del primer ministro y con sus referencias a los medios de comunicación.

Netanyahu recordó hace unos días al mundo en la ONU la contribución de Israel y, vicariamente, también recordó a los israelíes sus éxitos como primer ministro.

Tenía toda la razón cuando habló sobre la hipocresía de la ONU y sobre la justicia cuando habló de Irán. Tenía razón en cada palabra que dijo, pero al salir del podio también dejó allí su sentido de justicia.

A pesar de las habilidades retóricas de Netanyahu, lo que realmente puede recordarse de la sesión fue el discurso beligerante de Trump contra Corea del Norte. Si hay un cambio en el equilibrio nuclear del mundo, es probable que provenga de la escalada alrededor de este discurso.

Nos resulta difícil decir esto en voz alta, pero lo de Irán ya está hecho. Los chinos y los rusos han estado cooperando con Irán desde que Obama firmó el acuerdo. Los intereses económicos prevalecen sobre el deseo de los Estados del Golfo e Israel de ver a Irán restringido.

El error estratégico de Obama ya no puede ser corregido, los chinos y los rusos lo evitarían, en contraste con su actitud hacia Corea del Norte, y es dudoso que este error pueda ser corregido tal como lo exigimos. El daño de Obama al Oriente Medio no fue causado por el aleteo de una mariposa (la teoría del caos).

Y aquí está precisamente la mayor tragedia de Israel, que a pesar de los exitosos discursos de Netanyahu en Naciones Unidas (11 en total), y aunque ha logrado incluir a Irán en la agenda internacional desde la década de 1990, la tendencia siempre es la misma. Irán es un estado en el umbral nuclear que vive y respira con y sin sanciones.

Irán es la causa del terrorismo internacional. Parte de sus políticas están dirigidas contra nosotros, y sin embargo la comunidad internacional no tiene interés en atender a los mensajeros de Israel. Nos hemos convertido en profetas del apocalipsis, en comentaristas como sustitutivo de unos jugadores activos con el potencial de un ataque militar, tal como lo fuimos durante el segundo mandato de Netanyahu.

De hecho, somos una luz para las naciones en muchas áreas, pero lamentablemente no lo suficiente como para cambiar el equilibrio estratégico. Un discurso es sólo un discurso. Y esto es así tanto cuando está repleto de mezquindad ante los activistas del partido y cuando llena a los israelíes de orgullo nacional.

Todos merecemos tener al Netanyahu que representó a Israel en las Naciones Unidas en el propio Israel. Experimentado y estadista. Eso sería suficiente como resultado práctico del discurso.

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¿Un segundo Israel? 200.000 judíos kurdos israelíes se dirigen al Kurdistán iraquí, grita la prensa turca - Barin Kayaoglu - Al Monitor



Varios medios de comunicación turcos informaron la pasada semana que el presidente del Gobierno Regional de Kurdistán, Massoud Barzani, había llegado a un acuerdo secreto con el gobierno israelí. El presunto acuerdo implica el asentamiento de judíos israelíes de origen kurdo - una comunidad de unas 200.000 personas - desde Israel hacia el KRG (Kurdistan Regional Government) después del referéndum de la independencia del 25 de septiembre.

Los periódicos progubernamentales Yeni Akit y Aksam publicaron en sus web historias atribuidas a una revista llamada "Israel-Kurd", supuestamente radicada en el KRG, donde se contaba que Israel repatriará a los judíos kurdos que viven en Israel hacia el norte de Irak si Kurdistán finalmente se independiza. La web de noticias Internet Haber publicó las noticias bajo el título, "¡El juego de Barzani revelado! El plan insidioso del Kurdistán".

En otro importante medio afin al gobierno, Yeni Safak comentó que puede ser Barzani, y no Israel, quien espera atraer a los 200.000 judíos kurdos al Kurdistán iraquí. Yeni Safak informaba: "Se dice que Massoud Barzani, que solamente recibió el apoyo de Israel durante el proceso del referéndum, planea fortalecer su posición... con la ayuda de los kurdos de origen judío que tienen posiciones prominentes en Israel".

La sensacional historia, tan difícil de creer, se producía en medio de otro bombardeo de noticias de los medios de comunicación turcos dirigidas contra Israel. El ex jefe adjunto del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, Yair Golan, comentó el 10 de septiembre en un think tank de Washington que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que lucha contra Turquía por su autonomía e independencia desde 1984 (y es considerado como una organización terrorista por los Estados Unidos y la Unión Europea), no era "una organización terrorista". Los medios de comunicación islámicos de Turquía coincidieron en que las observaciones de Golan sobre un Kurdistán independiente constituían un apoyo "sionista" al PKK .

Curiosamente, ni un solo medio de comunicación turco cubrió el anuncio del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, del 13 de septiembre, refutando las palabras de Golán. Netanyahu etiquetó al PKK como una "organización terrorista" y criticó a Turquía por no reconocer a Hamas como un grupo terrorista.

Con toda justicia, como ya han señalado otros periodistas del Al-Monitor, el prejuicio contra los judíos o el descarado antisemitismo en Turquía no se limita al gobierno conservador y religioso del país ni a sus partidarios en los medios de comunicación. La población secular e incluso estrellas pop turcas a menudo expresan opiniones de odio  sobre los judíos e israelíes.

Por supuesto, los turcos no son los únicos que tienen una comprensión sesgada de las acciones y motivaciones judías e israelíes. Los propios kurdos iraquíes tienen nociones extrañas sobre el apoyo israelí para su independencia. A medida que nos acercamos al 25 de septiembre, los kurdos iraquíes ordinarios expresan la esperanza de que las declaraciones de los funcionarios israelíes en apoyo de un Kurdistán independiente sea un buen augurio para su estado. Los kurdos iraquíes creen que, dados los poderosos lobbys israelíes y judíos en los Estados Unidos, el apoyo israelí a un Kurdistán independiente significaría básicamente el apoyo estadounidense a la independencia kurda. Algunos kurdos iraquíes piensan que si Israel y los Estados Unidos están con Kurdistán, ¿quién puede estar en contra de nosotros?

Sin embargo, muchas personas en el Kurdistán iraquí y en la región están ignorando no sólo que los Estados Unidos se oponen a la independencia del KRG de Irak, sino también que los estadounidenses temen que el referéndum de independencia pueda alterar el equilibrio regional. Washington se ha abstenido de criticar a Barzani o al referéndum del 25 de septiembre para no ofender a sus aliados los peshmerga kurdos que están contribuyendo de una manera muy efectiva en la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak.

Curiosamente, a pesar del circo desatado por la prensa turca, los funcionarios turcos mantienen opiniones similares a las de los estadounidenses cuando se trata del KRG. A pesar de los peligros que la independencia del Kurdistán puede suponer para Turquía (especialmente si alienta al PKK a realizar más ataques), el gobierno turco sigue centrado en mantener sus lazos políticos, comerciales y energéticos con Barzani y el KRG.

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Thursday, September 21, 2017

Cómo se ve el antisemitismo en los Estados Unidos desde Israel - Shmuel Rosner



El primer encuentro entre un primer ministro israelí y un canciller alemán tuvo lugar en 1960 en Nueva York. En esa reunión, David Ben-Gurion de Israel le explicó a Konrad Adenauer de Alemania Occidental que había tres tipos de judíos en el mundo antes de que Israel se estableciera: los judíos que vivían entre musulmanes, los cuales adoptaron costumbres musulmanas; los judíos de Europa, que nunca se consideraron como parte de la sociedad en la que vivían; y los judíos de América, que vivían en un país de inmigrantes y así se ven a sí mismos, como estadounidenses como todos los demás estadounidenses.

Ben-Gurion, que nació en la moderna Polonia, entendía a los judíos europeos. Pero nunca comprendió realmente a los judíos del mundo árabe ni a los judíos de América. La verdad es que, incluso ahora, muchos de nosotros los israelíes todavía no les comprendemos. Y en ninguna parte esto queda más claro que en cómo Israel responde al antisemitismo actual en América.

Generalmente, los judíos israelíes no están personalmente familiarizados con el antisemitismo. Cuando escuchan "antisemitismo" piensan en la historia judía - el Holocausto de los nazis, los pogromos en la Rusia zarista - no en nuestras propias experiencias. Al mismo tiempo, después de mirar la historia, los judíos israelíes nunca han creído plenamente que sea posible un país no judío que esté libre de antisemitismo. Una encuesta de 2016 encontró que el 99% de los israelíes cree que el antisemitismo es "muy o algo común" en todo el mundo. Por lo tanto, para muchos israelíes el siguiente desastre en la diáspora es sólo cuestión de tiempo.

Los judíos israelíes tampoco están familiarizados con la asertividad judía fuera de Israel. La historia que conocen - la narrativa sionista - es la de esos judíos sin poder en la diáspora que se hicieron políticamente asertivos solamente en el Estado judío. Esto es, para usar la formulación de Ben-Gurion, la historia de los judíos europeos.

Debido a las circunstancias y suposiciones de Israel, los judíos israelíes no han desarrollado la misma sensibilidad y oído hacia el antisemitismo que poseen los judíos de otros zonas. Por ejemplo, la semana pasada el hijo de 26 años de Benjamin Netanyahu, Yair, publicó un meme en Twitter donde incluía a George Soros, un multimillonario judío, que controlaba el mundo, y lo hacía con una caña de pescar que controlaba a un reptiliano y éste a su vez hacia lo mismo con una figura que se asemejaba a los peores tipos de representaciones antisemitas. El joven Netanyahu no se ha explicado demasiado, pero no tengo ninguna duda de que no es un antisemita. Su lapsus era probablemente el caso extremo de un israelí con orejeras que usaba herramientas equivocadas para criticar a los enemigos de su padre.

Esta brecha entre Israel y la diáspora se ha desarrollado porque Israel y sus líderes han luchado por encontrar una respuesta apropiada al temor que ha engullido a gran parte de la comunidad judía americana desde el surgimiento de Donald Trump, y más aún después de los acontecimientos en Charlottesville el mes pasado, cuando los neonazis marcharon por la calle cantando lemas antisemitas. Muchas personas - especialmente los opositores y detractores habituales del primer ministro israelí - criticaron al Sr. Netanyahu por ser lento en condenar a los neonazis y por considerar insuficientes sus denuncias.

En la defensa de Israel, la respuesta de los líderes, expertos y organizaciones judías estadounidenses ante la demostración neo-nazi de odio en Charlottesville fue confusa. Muchos judíos parecieron reaccionar ante estos acontecimientos como si el antisemitismo - un sentimiento existente, pero marginal, en un país que generalmente tiene sentimientos cálidos hacia sus judíos - planteara un peligro inmediato. Pero al mismo tiempo, al elevar sus voces para exigir una condena más clara, estos líderes judíos estadounidenses actuaron con firmeza y confianza en sí mismos. Casi no parecen vivir con miedo.

Dado que el único antisemitismo que los israelíes entienden es el de la violencia, la sangre y la intimidación brutal, resulta difícil para muchos de ellos apreciar el pánico ante unos cientos de manifestantes y la condena ineludible del presidente. Puesto que el único remedio para el antisemitismo que conocen es un Estado judío (y un ejército judío), es difícil para muchos de ellos apreciar unos temores sobre el antisemitismo que no van seguidos por una inmigración a Israel.

Pero sobre todo, ¿qué debe hacer Israel? Basta con considerar algunas de las opciones:

¿Ayudar a los judíos estadounidenses de alguna manera material? Pero ellos parecen estar bien. De hecho, parecen sentirse lo suficientemente seguros como para emprender su propia combate. Cualquier intento de Israel de intervenir en esta crisis sugeriría que los judíos estadounidenses no están tan integrados como dicen estarlo.

¿Unirse al coro de la condenación? Israel no necesita demostrar que no le gustan los neonazis. Pero como país, tiene otros intereses. Primero y ante todo es su necesidad de buenas relaciones con la administración americana - esa misma administración a la que muchos judíos estadounidenses culpan por la crisis -. Por otra parte, Israel tiene aversión por esos radicales izquierdistas que se enfrentaron con los supremacistas blancos en Charlottesville, y eso es porque muchos de estos radicales están asociados con grupos altamente críticos con las políticas de Israel y a menudo apoyan el boicot de Israel. Una posición que los israelíes consideran tan antisemita como el antisemitismo de los neonazis.

¿Abstenerse de responder? Cuando Israel intentó eso, muchos líderes judíos estadounidenses (y algunos israelíes) condenaron su silencio. "Cualquier judío, en cualquier lugar, que no actúe para oponerse al presidente Donald Trump y a su administración, actúa en favor del antisemitismo", escribieron los novelistas judíos Michael Chabon y Ayelet Waldman, próximos por otra parte a esos radicales izquierdistas, exigiendo a Israel que "abra los ojos y se espabile".

Lo único que Israel realmente puede ofrecer en respuesta al antisemitismo es algo probado y cierto: su existencia. Israel puede y debe seguir siendo un refugio judío seguro, dispuesto a aceptar a los judíos en peligro de cualquier parte del mundo. La ley de retorno de Israel permite a todo judío que siente la necesidad de huir de la persecución encontrar un hogar en el estado judío y convertirse en ciudadano.

Hay una sensación de decepción entre muchos judíos en América en lo que perciben como una indiferencia israelí ante antisemitismo en los Estados Unidos, ya sea que en las manifestaciones neonazis o en los memes en Twitter. Pero de hecho, este es sólo otro caso de los judíos hablando los unos de los otros. Los israelíes ven a los judíos americanos como asustados pero rechazando lo que ellos consideran la única solución para el antisemitismo. Por su parte, los judíos estadounidenses ven a los judíos israelíes como demasiados engreídos al adherirse a una solución que no aborda lo que ellos consideran lo más importante: una América libre de antisemitismo.

La cura para este malentendido es ese conocimiento del que ambas comunidades carecen. Los judíos estadounidenses necesitan entender mejor que la postura de Israel sobre el antisemitismo en los Estados Unidos, y que refleja las circunstancias de Israel. Los israelíes necesitan entender mejor a los judíos de América y aceptar que, por una vez, no deben ofrecer la solución hecha y muchas veces valiosa de un refugio seguro, sino más bien extender su empatía hacia la otra gran comunidad judía que libra su propia batalla.

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